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  • 02 Jun 2021 2:04 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Sahara Pirie, CPDA


    La influencia de los medios de comunicación es un reto en el mundo actual. La televisión y otros medios con pantallas son significativamente diferentes hoy en día que hace 20 o incluso 10 años y esos cambios tienen profundas repercusiones. Como madre, me preocupa, y me doy cuenta que dentro de mi familia sólo puedo hacer algo hasta cierto punto. Mi objetivo ha sido enseñar nuestros valores y el efecto que la televisión puede tener en nosotros, y tratar de no ser controladora al respecto, lo cual a veces es un desafío.

    He aquí algunas ideas:

    • Educación

    Infórmate sobre los beneficios y los peligros del tiempo frente a la pantalla.  El Instituto Nacional de medios y la familia (National Institute on Media and the Family - www.mediawise.org) tiene una gran información que compartir. Los estudios han demostrado una correlación directa entre el tiempo frente a la pantalla y el rendimiento escolar; tiempo de lectura y rendimiento escolar, etc.

    • Valores

    Determina tus valores en torno a la televisión y otros medios de comunicación frente a la pantalla. Invita a una discusión familiar sobre ellos. Incluye cómo pueden ser diferentes de los valores de otras familias y por qué. Invita a hacer preguntas.

    Basándose en esos valores, define los límites en cuanto al tiempo frente a la pantalla.

    • Modelar el comportamiento

    Modela el comportamiento que desea que adopten tus hijos. Al tener este tipo de conversaciones con nuestras familias, es útil recordarles a los niños que nuestro papel como padres no es controlarlos o hacerles la vida imposible, sino enseñarles y guiarlos para que sean adultos capaces, competentes y responsables.

    Nuestros límites y fronteras están diseñados con ese objetivo y nos va mejor cuando estamos dispuestos a discutirlos en lugar de imponerlos.  Esto no hará que a tus hijos les guste la idea, pero les ayudará a entenderla.

    Ejemplos

    Los siguientes ejemplos están basados en mis propios valores familiares, los comparto aquí como ejemplos.  Tus elecciones deben basarse en tus valores familiares.

    Sólo tenemos un televisor y está en la habitación de los "restos", que está en el sótano, lo que significa que no está cerca de la mesa de las comidas ni de los espacios comunes más utilizados. Mi marido y yo no vemos mucho la televisión, así que nuestra hija no nos ve viéndola de forma habitual. 

    • Preparar el terreno

    Hablamos de la televisión a niveles apropiados para su edad y, en la medida de lo posible, la incluimos en el proceso de reflexión y en la toma de decisiones. Una de las cosas que hice fue explicarle que creo que la televisión puede robarle la imaginación y la creatividad.  Me preguntó cómo y le dije que cuando leía algo o escuchaba algo tenía que crear esa imagen en su mente, pero que cuando lo veía en la televisión alguien lo había hecho por ella.  Le dije que creía que era una habilidad muy importante que había que tener y conservar y que por eso siempre hablábamos de los equilibrios.

    • Poner límites de tiempo al uso de todas las pantallas 

    En nuestra casa, el uso de la computadora durante la semana está permitido para los trabajos escolares, los fines de semana hay más libertad de acción.  Vemos una película en familia casi semanalmente (Por cierto, gran parte de mi trabajo es en una computadora, así que ella me ve en el ordenador todos los días.  Estoy segura que por eso le resulta más atractiva la computadora que la televisión).

    Tuvimos la suerte de pasar un año en el "jardín de infancia" con el sistema Waldorf, que desaconseja en gran medida los medios de comunicación y tiene la norma de no ver la televisión durante la semana escolar. Mantuvimos esa norma cuando entramos en la escuela pública.

    A medida que crecía, le permitimos pasar más tiempo frente a la pantalla y tener más responsabilidad a la hora de decidir qué está bien ver. Cuando vemos la televisión, solemos hacerlo en familia.

    • Explorar los valores familiares

    Aprovechamos los conflictos sobre el tiempo frente a la pantalla para explorar nuestros valores familiares. Una vez vino a casa para enseñarme un juego de computador en línea y me preguntó si podía jugarlo. Se trataba de violencia contra un animal de dibujos animados. Se rio cuando tuvo éxito... ouch.  Afirmó: "¡Es divertido! No es real..." Le pregunté: "¿Qué tiene de divertido matar animales de dibujos animados en la pantalla?".  Esto la dejó un poco boquiabierta.

    Poco después perdió el interés por ese juego en particular. Puede ser que conectara los puntos y que fuera un conflicto para ella.  Creo que fue fácil para ella pasar por alto la actividad del juego porque quería pertenecer al grupo de amigos y todos lo estaban haciendo. Los sitios de "redes sociales" para niños, como Club Penguin y Webkins, también han ofrecido oportunidades para la discusión y la negociación. Es un proceso continuo.

    • Reuniones de juego

    Cuando tenemos reuniones de juego, la regla general es no pasar tiempo frente a la pantalla. Las reuniones de juego son para jugar y establecer conexiones en tiempo real con los amigos, cara a cara. Con sus amigos, cuyos padres no están preocupados por los medios de comunicación, animo a que se reúnan en nuestra casa para jugar.

    No es un sistema perfecto y eso está bien, ya que de los errores se extraen grandes lecciones.

    No asumas que porque tu hijo sea joven no se encontrará en sitios de Internet inapropiados, ya sea por error o con intención.  Piensa en esto ahora y trabaja en un plan de acción.

    Conozco a una alumna de tercer grado que encontró el camino hacia la pornografía en Internet, llevada por otra alumna de tercer grado (más joven). El sitio era demasiado intrigante y ella tenía demasiada curiosidad para abandonarlo. En su lugar, buscó más sitios. Sus padres tenían la computadora en un espacio común. Le habían enseñado lo que tenía que hacer si se encontraba con un sitio de este tipo. Esencialmente, habían tomado todas las precauciones que conozco. A causa de una notificación habían quitado el control parental de esta máquina porque al estar activado ella no podía acceder a los sitios para hacer su proyecto de investigación.

    Personalmente, no creo que un mayor control sea la respuesta, invitará a la rebelión, y eso me lleva a pensar que debemos educar a nuestros hijos pronto y a menudo, y mantenernos conectados. El tiempo que dediquemos a esto desde el principio nos ayudará a todos durante la adolescencia.

    No hay nada que podamos hacer para proteger absolutamente a nuestros hijos.  Nuestra mejor opción es ser proactivos y educarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos. Y eso no está exento de dificultades.

    La hora de la comida es un momento excelente para tener conversaciones significativas, construir relaciones familiares, discutir temas mayores y conectar con los demás cara a cara. Esto se vuelve mucho más difícil cuando nuestros hijos crecen y participan en muchos deportes u otras actividades extraescolares.  Por favor, no invites a la televisión o a otra pantalla a tu mesa para comer.

    Del Instituto Nacional de medios y la familia: "Internet está lleno de oportunidades y peligros. Los niños de hoy tienen más información al alcance de la mano de la que podíamos soñar hace tan sólo veinte años. Por otro lado, tienen acceso a más contenidos inapropiados de los que podíamos temer. ¿Significa esto que tenemos que tirar las computadoras por la ventana? Por supuesto que no. Lo que sí significa, es que debemos ayudar a nuestros hijos a aprender a usar Internet de forma responsable y conectar con ellos sobre lo que hacen y lo que han visto en la red".

    Aprender. Conectar. Hablar.

    Vigila lo que ven tus hijos.

    Si te apasiona este tema, hay oportunidades para hacer más, hablar con otros padres, obtener información de organizaciones que trabajan por los objetivos en los que crees.

  • 25 May 2021 1:18 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Jane Nelsen. Un extracto de "Positive Time Out: Más de 50 maneras de evitar las luchas de poder en los hogares y en las aulas".

    Muchos padres y profesores dicen cosas absurdas como "Vete a tu habitación (o al rincón) y piensa en lo que has hecho".  Me sorprende que muchos adultos no sepan la respuesta cuando les pregunto: "¿Sabes por qué es una afirmación ridícula?". Se les ocurren todo tipo de respuestas como: "El niño podría estar demasiado enfadado para pensar en ello". "Podría quedarse dormido". "Puede que no entienda lo que ha hecho mal". Todas estas afirmaciones son ciertas, pero lo que resulta ridículo es suponer que podemos controlar lo que piensa un niño. Una mirada de conciencia aparece en sus rostros cuando les pregunto: "¿De verdad creen que pueden controlar lo que piensa un niño?

    Continúo preguntando: "¿En qué crees que está pensando realmente el niño?". Las respuestas van desde: "Probablemente está pensando en lo enfadada que está conmigo", hasta "Está pensando en cómo evitar que le pillen la próxima vez", "Puede estar pensando en cómo vengarse de mí" y, lo peor de todo, "Puede estar pensando que es una mala persona". Ninguno de estos pensamientos ayuda al niño a mejorar en el futuro.

    La mayoría de adultos no se da cuenta que los niños están tomando constantemente decisiones sobre sí mismos, sobre su mundo y, basándose en esas decisiones, sobre qué hacer para sobrevivir o prosperar (Las cuatro categorías de decisiones se tratan en el capítulo cinco).

    El tiempo fuera negativo se basa en la tonta idea de que para conseguir que los niños se comporten mejor, primero tenemos que hacer que se sientan peor. El tiempo fuera positivo se basa en el entendimiento de que los niños "se portan" mejor cuando se "sienten" mejor. Comprueba tú mismo estas premisas. ¿Te va mejor cuando te sientes peor o cuando te sientes mejor?

    Es divertido preguntar: "¿Cómo responderías si tu cónyuge te dijera: "¡Vete a tu habitación y piensa en lo que acabas de hacer!"? La mayoría de las personas se ríen y dicen algo como: "No creo". ¿Por qué pensamos que el tiempo fuera negativo sería efectivo para los niños cuando no lo sería para nosotros?

    El tiempo fuera negativo no es ciertamente efectivo si perpetúa las creencias desalentadoras del niño sobre sí mismo y su entorno. Tampoco es eficaz si esas creencias aumentan su necesidad de venganza o de rebelión, sea cual sea la forma que adopte.

    La eficacia del tiempo fuera positivo

    Por otro lado, el tiempo fuera positivo puede ayudar a los niños a aprender muchas habilidades importantes para la vida, como la importancia de tomarse un tiempo para calmarse hasta que puedan pensar con más claridad y actuar de forma más reflexiva. Cuando los seres humanos están alterados, funcionan desde su cerebro reptiliano (el tronco cerebral), donde las únicas opciones son luchar o huir. Bromeo con la gente diciendo: "Cuando los niños te presionan, reaccionas desde tu cerebro reptiliano, y los reptiles se comen a sus crías".

    Los adultos suelen funcionar desde su cerebro reptiliano cuando envían a los niños a tiempo fuera, y el resentimiento llevará a los niños a funcionar desde su cerebro reptiliano. De nuevo, el círculo vicioso de lucha o huida.

    El tiempo fuera positivo permite a los niños (y a los adultos) tener un espacio para calmarse hasta que vuelvan a funcionar desde su cerebro racional (el córtex), para que puedan resolver problemas y aprender. El tiempo fuera positivo alienta a los niños a formar creencias positivas sobre sí mismos, su mundo y su comportamiento. En este estado mental, pueden aprender de sus errores y/o resolver problemas sobre cómo reparar cualquier daño o perjuicio que su comportamiento haya podido causar.

    Ser consciente de lo que "realmente" funciona

    Cuando un método con los niños ha funcionado realmente, éstos se sienten empoderados y motivados para mejorar desde un deseo y locus de control interno (en contraposición al control de los demás), y desarrollan habilidades que los ayudarán a resolver problemas y mejorar su comportamiento.

    Los adultos pueden empoderar a los niños, de esta manera, cuando entienden algunos principios básicos del comportamiento humano:

    • Todas las personas (incluidos los niños) merecen dignidad y respeto. Un principio básico de la psicología adleriana. La filosofía de mantener la dignidad y el respeto por todos los seres humanos debe ser incorporado antes de que el tiempo fuera pueda ser utilizado como una experiencia efectiva y alentadora que ayude a los niños, en lugar de una experiencia que genere humillación y pérdida de dignidad y respeto.
    • Los niños mal portados son niños desalentados. Los niños que se portan mal están desalentados y necesitan aliento para no sentir la necesidad de portarse mal; no sentir vergüenza y humillación para que se sientan más desalentados y más motivados a portarse mal (este principio y las cuatro metas equivocadas del comportamiento y cómo se relacionan con el tiempo fuera se discutirán más adelante en el capítulo cuatro).
    • La humillación y la vergüenza no son motivadores eficaces. En la última década, varios profesionales relacionados con los niños (como pediatras, psiquiatras y trabajadores sociales) han adoptado formalmente posturas contrarias a los golpes o humillación de cualquier manera. Estos especialistas han prestado atención a las investigaciones que demuestran que el daño a largo plazo para los niños supera con creces la ventaja inmediata de controlar el comportamiento mediante el castigo.

    Que se diga de nuevo: "¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para hacer que los niños se comporten mejor, primero debemos hacer que se sientan peor?". La verdad es que los niños se comportan mejor cuando se sienten mejor, no cuando están desalentados. Por lo tanto, el criterio número uno para el tiempo fuera positivo es que se utilice para ayudar a los niños a sentirse mejor, no para hacerlos sentir peor.

    Tiempo fuera para niños antes de la edad de la razón

    Los niños menores a 2 años y medio no deben ser enviados a tiempo fuera a menos que ellos lo elijan - lo que puede ser muy raro - o a menos que usted vaya con ellos. Hay, por supuesto, excepciones a la mayoría de las reglas. Una madre se acercó a mí después de una conferencia y me contó cómo utilizaba con éxito el tiempo fuera positivo con su hijo de 18 meses. Dijo que su hijo, Jason, tenía una almohada de satén que le gustaba mucho. Parecía encontrar esta almohada muy relajante. Cuando Jason parecía malhumorado, ella le decía: "¿Te gustaría tumbarte un rato en tu almohada cómoda?". A veces se acercaba a la almohada y se tumbaba hasta que se sentía mejor. Si dudaba, ella le preguntaba: "¿Quieres que te acompañe?". Cuando quería que ella le acompañara, se acurrucaban un rato, o miraban uno de sus libros de dibujos. Pronto se sentía listo para salir de nuevo a explorar su mundo.

    Esta madre tenía la actitud y la comprensión necesaria para que el tiempo fuera positivo funcione con un niño que no ha alcanzado la edad de la razón (o con cualquier niño, en realidad). Entendía el desarrollo del niño lo suficiente como para saber que Jason no se estaba portando mal. Aunque un niño que se porta mal suele ser un niño desalentado (véase el capítulo 5), en el caso de los niños pequeños suele tratarse de otra cosa: cansancio o frustración por su falta de conocimiento sobre cómo satisfacer sus necesidades y deseos. A menudo se sienten confundidos y rebeldes cuando los padres o los profesores no comprenden su necesidad evolutiva de explorar y experimentar. (Véase Disciplina positiva: Los tres primeros años para obtener más información sobre las necesidades del desarrollo).  Su actitud era de gentileza, amor, paciencia, amabilidad y firmeza. Era firme al saber que el comportamiento de Jason era socialmente displacentero y frustrante para él, y que había que hacer algo al respecto. Fue amable en su método para ayudarle a lidiar con ello.

    Si no es un tiempo fuera punitivo, ¿entonces qué?

    Los padres y los profesores me dicen a menudo que han intentado todo para tratar con un niño que se porta mal y que nada funciona. Cuando les pido que enumeren todo lo que han intentado, todo lo que figura en su lista es punitivo. ¿Por qué es tan difícil para los adultos renunciar al castigo cuando experimentan una y otra vez que no funciona? Respuesta: Tienen miedo de que la única alternativa sea la permisividad. El tiempo fuera positivo no es permisivo, como tampoco lo es ninguno de los otros métodos no punitivos sugeridos en este libro.

    Criterios para el tiempo fuera positivo

    El tiempo fuera positivo está diseñado para alentar a los niños y enseñarles autocontrol y autodisciplina. Es respetuoso porque los niños participan en el proceso (ayudando a crear un espacio que sea alentador) en lugar de ser objetos o víctimas del proceso. El tiempo fuera positivo enseña a los niños a comprender que su cerebro no funciona bien cuando está alterado. Aprenden el valor de tomarse un tiempo fuera para calmarse hasta que sus cerebros funcionen de forma ventajosa para ellos, en lugar de perjudicial.

    La analogía del deporte

    Antes de que los adultos puedan transmitir los beneficios del tiempo fuera positivo, tienen que deshacerse de sus viejas ideas sobre el tiempo fuera punitivo. A los adultos y a los niños en edad escolar les encanta la analogía del tiempo fuera en los deportes, donde el propósito es detener el reloj, recuperar el aliento, reagruparse, echar un vistazo a lo que no está funcionando y elaborar un nuevo plan. El tiempo fuera positivo puede hacer lo mismo tanto para los niños como para los adultos. Puede detener el reloj del comportamiento negativo y dar tiempo para calmarse antes de que sea posible un nuevo comportamiento. Como los niños se comportan mejor cuando se sienten mejor, podrán reagruparse y elaborar un nuevo plan que les sirva a ellos y a los demás.

    Otra analogía que ayuda a los niños y a los adultos a entender los beneficios del tiempo fuera positivo como una experiencia de autocuidado es pensar en la comodidad de sentarse en el regazo de la abuela.

    Autorregulador

    La ansiedad es un componente normal de la vida. Nos ponemos ansiosos cuando tenemos miedo, cuando no conseguimos lo que queremos, cuando nos sentimos rechazados, cuando nos sentimos heridos, cuando nos sentimos impotentes. La lista podría ser interminable.

    La buena noticia es que nacemos con varias habilidades de afrontamiento (autorreguladoras) y podemos aprender otras habilidades de afrontamiento. La mala noticia es que muchos padres y profesores piensan que una buena crianza y enseñanza significa distinguir las habilidades autorreguladoras de los niños en lugar de permitirles que las desarrollen. Estos mismos padres y profesores evitan enseñar habilidades adicionales de autocontrol porque están muy ocupados arreglando cada problema que un niño pueda encontrar o usando el castigo para lidiar con el mal comportamiento, en lugar de ayudar a los niños a manejar su propio comportamiento.

    El tiempo fuera positivo proporciona tiempo para que los niños mejoren su capacidad innata de autorregulación en lugar de que esta capacidad sea extinguida por padres y profesores que sobreprotegen o castigan. El tiempo fuera positivo enseña la valiosa habilidad de vida de aprender a tomarse un tiempo para sentir lo que se está experimentando y calmarse hasta poder comportarse de forma más constructiva.


  • 13 May 2021 4:59 PM | Positive Discipline Association (Administrator)
    Por:  Melanie R. Miller, M.Ed. Educadora de padres y consejera escolar. 

    Artículo basado en el trabajo de Jane Nelsen, Ed.D, Lynn Lott, LMFT et.al.

    Seguro que todos recordamos esos días de la infancia en los que a nuestros hijos se les daba muy bien decir "no", huir cuando llegaba la hora de cambiar los pañales o hacer un berrinche porque su camiseta favorita no estaba limpia y lista para usar.  ¿No se suponía que iban a crecer y dejar de hacerlo?  Si se siente desafiado, provocado, amenazado o derrotado por el comportamiento de su adolescente, anímese, ¡no está solo! Aunque nuestros adolescentes hayan ganado unos cuantos años, todavía pueden ser expertos en involucrarnos con éxito en luchas de poder. 

    Piense en el adolescente que encuentra todas las distracciones posibles en lugar de prepararse para la escuela a tiempo o el adolescente que se mantiene firme diciendo "no puedes obligarme a hacer los deberes y no los voy a hacer, ¡me da igual ir a la universidad!" o ¡qué tal el adolescente que discute por todo!

    Siempre que el comportamiento de su hijo adolescente los haga sentirse provocado, desafiado, amenazado o derrotado, tómese unos minutos para calmarse.  Salga de la habitación, cuente hasta diez, llame a un amigo.  Luego, cuando se sienta tranquilo, tómese un momento para entrar en el mundo de su hijo.  No se limite sólo a pensar en su mundo, entre realmente en este... ¿Qué es importante para ellos?  ¿Están pensando en cuándo podrán limpiar su habitación o fregar los platos de la cena, o en cómo quieren pasar toda la tarde preparándose para su examen de ciencias?  Probablemente no.  Lo más probable es que un adolescente esté pensando en.... “¿Qué me voy a poner para ir al colegio mañana? ¿Debo enviar un correo electrónico a ese chico de mi clase? Mi mejor amigo me ignora. ¿Cómo puedo ser más popular?  Me pregunto si puedo escaparme este fin de semana para ir a esa fiesta". 

    Nuestro mundo de adultos es muy diferente al de los adolescentes.  Nuestras prioridades son diferentes y eso está bien. Somos adultos, hemos pasado por ello, hemos hecho lo mismo... Ahora le toca a nuestro adolescente pasar por el proceso de crecer.  Este proceso se denomina a veces "individuación".  La individuación es un proceso por el que pasan los niños para ser más “ellos mismos”, para independizarse de sus padres.  A menudo parece una rebelión porque parece que están haciendo todo lo posible para ir en contra de nuestros valores y nuestra moral.  Lo que es importante para nosotros, como padres, puede convertirse en un lugar de rebelión para nuestros adolescentes. Al individuarse, consiguen experimentar el otro lado, consiguen experimentar la vida de una manera diferente.  Este puede ser un momento muy aterrador para los padres, y aunque no lo crea, también lo es para los adolescentes. 

    La próxima vez que se sienta desafiado, provocado o amenazado, tómese un tiempo para calmarse y luego pruebe una de estas herramientas de crianza amable y firme.

    1. Hable con su hijo adolescente, no hacía él o ella, o por él o ella.  (Está bien compartir sus sentimientos utilizando mensajes "yo").
    2. Utilice preguntas del tipo "qué y cómo" para ayudar a su hijo adolescente a explorar las consecuencias de sus elecciones, esto es diferente a imponer una consecuencia a su hijo adolescente.  
    3. Hágalo con un tono de curiosidad y respeto.  Evite las preguntas que comienzan con "por qué".  "Por qué" crea una actitud defensiva y establece un tono de culpa
    4. Aumente la sensación de comprensión compartiendo un momento en el que haya tenido una experiencia similar.
    5. Decida, con dignidad y respeto, lo que va a hacer.  Lleve a cabo un acuerdo con su hijo y esté dispuesto a cumplirlo. (Diga lo que va a hacer en lugar de lo que va a intentar que haga su adolescente).
    6. Deje que el mensaje de amor se transmita.  No haga ni diga nunca nada que vaya a poner distancia en la relación. Haga y diga sólo aquello que vaya a fortalecer la relación. (Adaptado de Disciplina Positiva para adolescente, Nelsen, Lott.)

    Nuestros adolescentes necesitan una crianza "amable y firme".  Una crianza que les diga: "Te quiero y te respeto, y también me quiero y me respeto a mí mismo".  La crianza amable y firme crea equilibrio, comunicación y respeto dentro de las familias.  Es respetuosa con el adolescente, con los padres y con la situación en cuestión.  Nos ayuda a nosotros mismos y a nuestros adolescentes a superar los retos de la adolescencia y nos lleva a los años de la adultez temprana con nuestra dignidad y la de nuestros hijos intacta.


  • 26 Apr 2021 10:03 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: Jane Nelsen, co-creadora del programa de Disciplina Positiva.

    Hay una creencia detrás de cada comportamiento, pero cuando los adultos se enfrentan a un "niño que se porta mal" suelen ocuparse sólo de la conducta. Lidiar con la creencia que hay detrás del comportamiento no significa que no se trate la conducta. Sin embargo, se es más eficaz cuando se es consciente tanto del comportamiento como de la creencia que hay detrás.


    1. Comprendiendo la creencia detrás del comportamiento

    El siguiente es un ejemplo clásico de la creencia que hay detrás de un comportamiento. Supongamos que tienes un niño de dos a cuatro años cuya madre va al hospital y trae a casa un bebé recién nacido. ¿Qué es lo que ve el primogénito que ocurre entre mamá y el bebé? – Tiempo y atención. ¿Qué interpreta el hijo mayor? – Que mamá quiere al bebé más que a él. ¿Qué hace el primogénito para intentar recuperar el amor? - Puede actuar como un bebé y llorar mucho, pedir el biberón y ensuciarse los pantalones.

    Wayne Freiden y Marie Hartwell Walker han creado canciones que ayudan a los adultos a adentrarse en el mundo de los niños y a comprender las creencias que podrían estar desarrollando en función de su orden de nacimiento. Sus canciones incluyen siete posiciones de orden de nacimiento diferentes. A continuación, está es una estrofa de la primera canción:

    ·         Es difícil ser el número uno.
    ·         Y, últimamente no es nada divertido.
    ·         La vida era tan bonita, cuando éramos tres,
    ·         mamá, papá y yo.
    ·         Y, ahora hay otro.
    ·         Y no me gusta nada.
    ·         Envíalo de vuelta al hospital

    ·         Y olvidémoslo.


    Becky, de cuatro años, podía identificarse con esta canción. Se sentía desplazada por el nacimiento de un hermano menor, y experimentaba confusión sobre sus sentimientos hacia el bebé. A veces lo quería, y otras veces deseaba que no hubiera nacido porque mamá y papá pasaban mucho tiempo con él. No sabía cómo llamar la atención, excepto cuando actuaba como el bebé.

    2. Tranquilizar con amabilidad 

    Una noche, cuando el bebé estaba dormido, la madre de Becky se sentó en la mesa de la cocina con su hija y le dijo: "Cariño, me gustaría contarte una historia sobre nuestra familia". Había encontrado cuatro velas de distintos tamaños. "Estas velas representan a nuestra familia". Cogió una vela larga y dijo: "Esta es la vela de mamá. Esta es para mí". Encendió la vela mientras decía: "Esta llama representa mi amor". Cogió otra vela larga y dijo: "Esta vela es la de papá". Utilizó la llama de la vela de mamá para encender la vela de papá y dijo: "Cuando me casé con tu papá, le di todo mi amor – y todavía me queda todo mi amor". Mamá colocó la vela de papá en un candelabro. Luego cogió una vela más pequeña y dijo: "Esta vela es para ti". Encendió la vela más pequeña con la llama de su vela y dijo: "Cuando naciste, te di todo mi amor. Y mira, papá todavía tiene todo mi amor y a mí me queda todo mi amor". Mamá puso esa vela en un candelabro junto a la vela de papá. Luego, cogió la vela más pequeña y, mientras la encendía con la vela de mamá, dijo: "Esta es una vela para tu hermanito. Cuando nació le di todo mi amor. Y mira – tú sigues teniendo todo mi amor. Papá tiene todo mi amor y a mí me queda todo mi amor porque así es el amor. Puedes dar tu amor a todos en nuestra familia y todavía te queda todo tu amor. Ahora mira toda la luz que tenemos en nuestra familia con todo este amor".
    Entonces mamá le preguntó a Becky si quería usar su vela para encender las otras velas, para que viera cómo podía entregar todo su amor y seguir teniendo todo su amor. Becky estaba emocionada por probar esto. Mamá apagó la llama de todas las velas excepto la de Becky, y luego la ayudó a recoger cada vela y a mantenerla sobre la llama de su vela hasta que se encendía. Los ojos de Becky brillaban casi tanto como la llama de las velas.

    Mamá le dio un abrazo a Becky y le dijo: "¿Te ayuda esto a entender que te quiero tanto como a tu hermanito?".

    Becky dijo: "Sí, y puedo querer a muchas personas por igual".

    3. Reconociendo con firmeza 

    Lo que nos ocurre nunca es tan importante como las creencias que creamos sobre lo que nos ocurre. Nuestro comportamiento se basa en esas creencias, y el comportamiento y las creencias están directamente relacionados con el objetivo principal de todas las personas: sentir que pertenecemos y somos importantes

    Mamá había aprendido a lidiar con la creencia que había detrás del mal comportamiento de Becky. Becky dejó de comportarse como un bebé y fue más cariñosa con su hermano menor.


  • 26 Feb 2021 5:08 PM | Anonymous

    Por Bill Scott, ex director de escuela de primaria en Marietta, GA 

    En nuestra sociedad, no es poco común que algunas familias se reubiquen varias veces a lo largo de la carrera estudiantil de un niño. Este fue el caso de Jimmy, quien se cambió de una escuela del centro de la Costa Oeste a la nuestra. Jimmy había estado expuesto a pandillas, tiroteos y violencia escolar. Él estaba siguiendo los modelos de comportamiento a los que estaba expuesto y gran parte de su comportamiento era rebelde y no productivo. No había aprendido a disfrutar del aprendizaje y lo habían referido a un especialista de educación especial porque su nivel de lectura estaba dos años por debajo del nivel que cursaba.

    1. Transición a un entorno con Disciplina Positiva 

    El padre de Jimmy sabía que su hijo no tenía un problema de aprendizaje. Estaba muy preocupado porque creía que los niños no pueden aprender, a menos que se sientan cómodos y seguros en la escuela. Esta fue una de las razones principales por las que la familia se trasladó al otro lado del país, para instalarse en una comunidad suburbana de Atlanta.

    Jimmy, de quinto grado, y su hermana de primero, estaban preocupados por mudarse a un estado, una comunidad y una escuela desconocidos. Todo en este nuevo lugar era diferente, desde el clima hasta el dialecto distintivo y el cambio de zona horaria.  Jimmy no estaba preparado para su nuevo entorno educativo, en el que los niños de su clase decían "por favor" y "gracias", y se apoyaban mutuamente de forma respetuosa. Celebraban reuniones de clase a diario y aprendían a resolver sus propios problemas o a ayudarse mutuamente a resolverlos sin pelearse. Incluso se daban reconocimientos unos a otros. Esto era muy extraño para Jimmy. Como estaba acostumbrado a las agresiones, los insultos y los enfrentamientos decidió desafiar este nuevo sistema.

    2. Identificando la creencia detrás del comportamiento

    No pasó mucho tiempo antes de que el consejero escolar y el director llegaran a conocer a Jimmy bastante bien. Era el tema de muchas discusiones mientras el personal de la escuela pensaba en formas de alentarlo. Se lo podía haber etiquetado de "malo" o de tener un trastorno del comportamiento. Sin embargo, el personal y los alumnos habían aprendido a principios de año que un alumno mal comportado, es un alumno desalentado. También habían aprendido el poder que tienen los estudiantes para ayudarse mutuamente a través de las reuniones de clase de Disciplina Positiva. Sabían que el comportamiento de Jimmy sería una verdadera prueba de la eficacia de la Disciplina Positiva, ya que comenzaron a trabajar en algunos de sus problemas a través de las reuniones de clase.

    3. Los comportamientos desafiantes son oportunidades de aprendizaje

    Jimmy estuvo involucrado en varias peleas. El profesor escribió "Peleas" en la agenda de la reunión de clase y pidió voluntarios para representarla (indicándoles que podían actuar como estrellas de cine y simular una pelea sin hacerse daño). Después de la representación, se invitó a los "actores" a compartir sus pensamientos y sentimientos mientras se peleaban y a compartir las decisiones que tomaban sobre su comportamiento a futuro. Posterior a esto, siguió una discusión amena.

    Los alumnos decidieron que era importante utilizar las palabras en lugar de los puños y buscar soluciones en lugar de culparse. También decidieron darse aliento y hacer recordatorios para buscar soluciones respetuosas que ayuden a todos a mejorar.

    ¡Una nueva experiencia para Jimmy! Estaba acostumbrado a que la gente se uniera para hacer daño a los demás, no para ayudarlos. Su comportamiento mejoró durante unos días, pero no había terminado de probar este extraño sistema.

    El siguiente reto fue su resistencia a participar adecuadamente en las actividades grupales de aprendizaje cooperativo. Distraía continuamente a los demás, hablando y jugando en lugar de hacer su parte. Los miembros del grupo le pidieron que cooperara, pero no tuvieron éxito hasta que se planteó este reto en una reunión de clase. Después de escuchar a los alumnos hablar de forma respetuosa, de sus sentimientos sobre su comportamiento, Jimmy se disculpó. Dijo que no se había dado cuenta de lo mucho que esto le molestaba a su grupo. Su comportamiento mejoró en este aspecto y Jimmy empezó a experimentar el placer de la cooperación.

    4. Fomentar las mejoras mediante el reconocimiento de los logros

    Otro problema era que Jimmy hacía comentarios ofensivos y se burlaba de otros alumnos cuando cometían un error mientras jugaban con la pelota. Alguien puso el problema en la agenda de las reuniones de clase y los alumnos le dijeron que esos comentarios herían sus sentimientos y hacían que no quisieran jugar con él. Le hicieron sugerencias de qué podría decir para alentar a los otros en su lugar. Jimmy aceptó probar esta nueva habilidad y eventualmente su comportamiento ofensivo se detuvo. Después, empezó a recibir reconocimientos por su buen comportamiento deportivo.

    Al utilizar los principios de la Disciplina Positiva y las reuniones de clase todos descubrieron que Jimmy era como cualquier otro niño de once años. Se reía cuando las cosas eran divertidas, se enfadaba cuando las cosas no salían como él quería y se alegraba cuando experimentaba el éxito. Lo más importante es que Jimmy aprendió que podía cambiar su comportamiento cuando se le enseñaban nuevas habilidades y se le daba la oportunidad de practicarlas en un entorno alentador.

    5. La amabilidad y la firmeza tienen un impacto beneficioso en el entorno escolar

    El personal de la escuela estaba muy satisfecho con el tremendo impacto de la Disciplina Positiva, porque habían probado y fracasado con otros programas de disciplina. Jimmy fue escuchado, ayudado y ahora es mucho más feliz. Han pasado dos años y seguimos escuchando cosas maravillosas sobre el liderazgo y el éxito académico de Jimmy en su escuela secundaria. Ya no está atrasado en la lectura.

    Una vez escuché a un amigo hablar de la "Ley de la granja". Si se planta maíz hoy, no se recoge mañana; hay que nutrirlo con agua, fertilización, quitando la maleza y luz solar. Aunque no todos los días de Jimmy fueron maravillosos en nuestra escuela, las semillas del éxito fueron sembradas y cuidadas. Jimmy no es perfecto, pero ¿quién lo es? Como dijo Rudolf Dreikurs, "No trabajes por la perfección. Trabaja para mejorar". Hemos logrado muchas mejoras en Rocky Mount Elementary School a través de la Disciplina Positiva, no sólo con Jimmy, sino con todos nuestros estudiantes y personal de la escuela.

    El rendimiento suele bajar cuando se practican nuevas habilidades por primera vez. Cuando esto sucede, suele haber un deseo de volver a las viejas costumbres, especialmente cuando se busca una solución rápida. Aprender nuevas habilidades lleva tiempo. Los errores son realmente oportunidades maravillosas para aprender; cuando recordamos esto, no nos desanimamos mientras esperamos los resultados a largo plazo (la cosecha) del aprendizaje y la práctica de nuevas habilidades.

  • 08 Jan 2021 2:50 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: Angélica Joya, entrenadora certificada de Disciplina Positiva. 

    Tanto si eres madre, padre o educador seguro que alguna vez has hecho algún acuerdo con niños y adolescentes y quizás, muy probablemente te has sentido indignado o enfadado al ver que ellos muchas veces no cumplen lo pactado. Hoy te voy a contar 4 razones por las cuales los niños y adolescente no cumplen los acuerdos.

    1.  No ha habido un acuerdo realmente

    Muchas veces crees  que has hecho un acuerdo con ellos cuando en realidad lo que ha pasado es que los niños y adolescentes han dicho «si» a una petición que tu habías hecho o simplemente han aceptado algo porque sabían  que era lo que querías escuchar y no porque realmente estuvieran de acuerdo.

    Por ejemplo, le decimos a un niño que está encendiendo la T.V.  o la tablet «Ahora ves la tele o juegas pero en 10 minutos la apagas ¿ok?». A lo que el niño responde, a veces incluso si escuchar, «si».  Luego es el momento de apagar y el niño no cumple. Pero si nos fijamos bien; ¿Fue eso realmente un acuerdo? .

    2.  No hacemos seguimiento o lo hacemos desde la crítica, sermón, amenazas o ruegos.

    Supongamos que hacemos un acuerdo en toda regla y  llega el momento de apagar la tele o de hacer los deberes y ¡ÉL SIGUE SIN CUMPLIR !!! .  »¿Será posible? ¡Me toma el pelo!» piensas mientras que sientes como «la vena» te  va creciendo exponencialmente  e intentas contener el impulso primitivo de «comérterlo» pero no precisamente a besos.

    El hecho de que hagamos un acuerdo no hace milagros, tus hijos seguirán teniendo las mismas prioridades de siempre (y no son precisamente hacer los deberes, limpiar su habitación  o apagar la tablet). El líder de la educación eres tú y por eso eres el encargado de dar seguimiento a ese acuerdo.

    No puedes pretender que por el hecho de involucrarlo, el niño apague la tele sin mas y además te diga «gracias mami por este rato de esparcimiento y entender que prefiero ver la tele antes que hacer los deberes».

    ¡NOOOOO!. Un niño o jovén de este planeta quizas se despite de más en la pantalla o espere a que seas tú quien se olvide para poder seguir haciendo lo que realmente le apetece, ESO ES LO ESPERADO PARA SU EDAD.

    Es el adulto quien debe hacer seguimiento del acuerdo y no tomarse como algo personal el hecho de que sus hijo o alumnos no salte como un resorte en cuanto sea la hora de cumplir lo acordado.  Si tomas su comportamiento como algo personal lo único que lograrás es entrar en la dinámica de las amenazas, criticas y ruegos. Conseguirás  alejarte de tu hijo o alumno y comprar papeletas para que la situación acabe mal.

    ¿Y que debo hacer entonces? ¿Cómo puedo hacer seguimiento a los acuerdos?

    En esto Jane Nelsen en su libro "Cómo educar con firmeza y cariño" lo deja muy claro:  Menos palabras  y mas acción.

    •  Haz comentarios simples y concisos: «He notado que tú… ¿Podrías por favor hacerlo ahora?» (manteniendo la empatía con sus sentimientos).
    •  Como respuesta a objeciones, pregunta: «¿Cuál era nuestro acuerdo?».
    • Como respuesta a más objeciones, cierra la boca y usa comunicación no- verbal: señala el reloj, sonríe, haz un contacto físico cariñoso, da un abrazo y vuelve a señalar el reloj o algo que recuerde el acuerdo (el libro, el mando de la t.v, el acuerdo por escrito si es el caso).
    •  Cuando el niño/adolescente ha accedido a cumplir el acuerdo (obviamente muchas veces molesto por ello) diga: Gracias por respetar nuestro acuerdo y olvídate de todo lo demás. Nada de «casi que no», «siempre tengo que ser yo quien te lo recuerde», «así no se habla» etc.

    3. Nos estamos centrando más en el resultado que en el proceso en si mismo. 

    El proceso de involucrar a nuestro hijos en la búsqueda de soluciones y acuerdos importa más que el resultado.

    Esta claro que cuando hacemos un acuerdo queremos solucionar o prevenir una situación conflictiva.  Sin embargo, mantener el foco únicamente en el comportamiento que queremos evitar nos hace desconectar de nuestro hijo o alumno.

    El proceso de llegar a acuerdos, debe ser un proceso que nos haga sentir a todos escuchados y anime a los más jóvenes a razonar, planear y participar de la resolución de algo. Lo más importante es que se den cuenta de que sus necesidades, sentimientos e ideas son muy importantes para nosotros.

    Si nos centramos en ello, el acuerdo ya será beneficioso en sí mismo, tanto si se cumple o no en su totalidad.

    Si escuchamos realmente seguramente podremos identificar cual es la causa de que nuestro hijo o alumno se este comportando de esta manera y podremos hacer mucho mas que un acuerdo para ayudarle .

    Por ejemplo: Acordar un tiempo de pantalla es útil, sin embargo explorar los motivos subyacentes que explican porque la pantalla se ha convertido en algo tan importante en la vida de tu hijo es también muy importante y nos permitirá encontrar una alternativa útil para todos.

    Como dice Alfie Kohn

    A veces, la mejor alternativa al blanco y negro no es el gris, sino, por ejemplo, el naranja. 

    4. No están acostumbrados a hacer acuerdos o a que se les tenga en cuenta. 

    Muchas veces pecamos de compartir muy poco la autoridad de la toma de decisiones. No me malinterpretes, no pretendo que negocies absolutamente todo en casa o en el aula, solo digo que  es importante que los niños y adolescentes tengan claro qué aspectos son negociables y cuáles no.

    Cuando ellos tienen claro que serán escuchados y podrán opinar en los casos que les parece importante intervenir  sienten menos necesidad de cuestionar cada decisión que se toma (incluso si se tratan de decisiones no pactadas)

    Las investigaciones demuestran que los niños son más propensos a auto controlarse cuando sus padres están dispuestos a negociar y a cambiar sus ideas en respuesta a los argumentos de sus hijos.

    Solo cuando le damos la oportunidad a nuestros hijos de «practicar» una habilidad como la negociación y la toma de decisiones conjunta ellos se hacen responsables y aprenden la importancia de respetar dichos acuerdos. 

  • 14 Jul 2020 11:17 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por:  Psic. Clí. Ma. Daniella Medina. Entrenadora de Disciplina Positiva. 


    Desde la ventana de la Familia Bermeo se puede presenciar cómo la madre golpea a Mario, su hijo mayor, por haberse comido un chocolate que le pertenecía a un hermano. Cogiéndose la cabeza con ambas manos les grita a sus tres hijos: “¡Estoy harta!, no sé qué hacer para que ustedes hagan lo que les he ordenado, hasta cuando pasará lo mismo”. Mario la mira muy enojado y empieza a golpearla. Beatriz, la segunda hija, prefiere mirar a lo lejos la situación y llorar silenciosamente desde un lugar donde los demás no logren verla. Raúl, el menor ha ido a su cuarto a entretenerse con sus juguetes. Es así, como terminan todos los conflictos en la familia Bermeo.

    Este es un panorama muy común, existen muchos padres sin realmente saber cómo corregir a sus hijos eficazmente, algunos cuestionan qué tipos de estrategias podrían ayudarlos o qué más pueden hacer ellos para que los hijos aprendan a comportarse. Lo que realmente buscan estos padres son estrategias castigadoras para someterlos u obligarlos, es por esto que tratarán con el castigo físico, con las humillaciones verbales, con la ducha fría, entre otros. Y al intentarlo, como el caso de la Familia Bermeo, se darán cuenta que esto no ha sido suficiente porque los resultados aún no se alcanzan y ahí surge la frustración o el desánimo de un padre o madre que siente que ha fracasado en su rol.

    El castigo puede ser una estrategia excelente para parar la conducta en el momento, ¿pero que está sintiendo, pensando, decidiendo un hijo luego de ser castigado? ¿Estará sintiendo ganas de hacer las cosas bien la próxima vez? El castigo genera respuestas a corto y mediano plazo que desmotivan e invitan al resentimiento, revancha, rebelión y retraimiento. Si analizamos la respuesta de cada uno de los hijos de la familia Bermeo, seguro encontraremos uno de estos efectos.

    Rudolph Dreikurs, psiquiatra y educador estadounidense, dejó una gran lección sobre la que debería fundamentarse toda estrategia educativa: “Un niño que tiene mal comportamiento, es un niño desmotivado”.  Desde esta premisa, los padres debemos comprender que en lugar de pensar cómo ganarle al niño, debemos ganarnos al niño. Solo cuando logramos motivarlos y los animamos a querer ser mejores podremos influir en el desarrollo de sus habilidades futuras para la vida.

    Si mantenemos esta perspectiva surgen los ingredientes fundamentales para una educación basada en la Disciplina Positiva: firmeza y amabilidad. La firmeza es un requisito necesario para poder ubicar los límites claros. Las expectativas y proyecto familiar son ubicados únicamente por los padres. La firmeza es respetuosa tanto para el niño como para el adulto, porque así ambos sabrán qué se espera de cada uno de ellos en todo momento. Y la amabilidad deberá ser el mejor compañero de la firmeza, porque mediante esta, un padre será capaz de escuchar el corazón de su hijo y  de sintonizar con su sentir, pensar y actuar.

    Estas claves educativas deberán ser utilizadas de manera constante y ser los lineamientos básicos para la educación en las diferentes edades, en cada una de ellas lo que podría variar son las herramientas.

    Herramientas basadas en la firmeza y amabilidad:

    • Escuchar, evitar anticiparse o etiquetar: ¡Cuánto cuesta escuchar! Los padres somos expertos expositores de lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer. Convendrá tener una escucha sincera que busque conectarse emocionalmente con el otro. Esto lo hará sentir validado e importante.
    • Utilice preguntas de curiosidad, luego de la escucha atenta y sin prejuicios, será importante realizar preguntas que inviten a que los chicos saquen sus propias conclusiones y busquen reparar errores si el caso lo amerita. Un aprendizaje será más genuino cuando viene pensado y elaborado desde la persona, no cuando es impuesto por otros.
    • Decidir lo que se hará y ser consecuente: Cuando se encuentren frente a un problema que se repite constantemente, conviene que ambos padres hayan llegado a un acuerdo sobre cómo reaccionarán si nuevamente se presenta la conducta, y convendrá que lo hayan anticipado previamente y sean constantes siempre.
    • Enfocarse en soluciones: En lugar de buscar castigar o tratar de observar sentimientos de culpa y vergüenza por parte de los hijos a través del castigo, será mucho más beneficioso a largo plazo buscar en conjunto con su hijo posibles soluciones a los problemas. Esta búsqueda en conjunto ayudará que desde los más pequeños a más grandes se sientan comprometidos y responsables de sus acciones.


  • 17 Jun 2020 6:00 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: Macarena Soto Rueda. Entrenadora certificada de Disciplina Positiva. 

    El sentimiento de pertenencia es el gran motor en torno al que gira la Disciplina Positiva. Este concepto de pertenencia está estrechamente relacionado con el instinto gregario que estudiamos en neurosicoeducación. Somos seres sociales, y este concepto que puede parecer muy teórico, incluso poético, es muy significativo para poder entender nuestros comportamientos y el de los demás. El sentirnos importantes en los distintos contextos en los que nos movemos, el saber que aportamos y que somos útiles, puede convertirse en la brújula que nos guíe en nuestras conexiones con los distintos entornos.

    En este sentido, y en relación con la pertenencia, la importancia que damos en Disciplina Positiva a la lógica privada adquiere gran relevancia en investigaciones actuales, en las que se nos invita a reflexionar sobre los comportamientos poco cooperativos, que, sin embargo, pueden llegar a convertirse en comportamientos útiles a nivel social. Es decir, que esas acciones y actitudes que observamos y que pueden ser perjudiciales para la otra persona y para su entorno, podrían ser el modo en que ha aprendido a tener atención y a sentir que se le tiene en cuenta.

    Al igual que sugerimos desde el enfoque de la Disciplina Positiva, investigadores actuales nos invitan, a las personas adultas que acompañamos a la infancia y a la juventud, a redirigir comportamientos, a fin de que un comportamiento poco útil no se convierta en acciones socialmente necesarias. En este sentido, “redirigir” es elemento clave, ya que, como se sabe hoy en día, donde fijamos la atención, se construye el aprendizaje consciente.

    Me gusta invitar a imaginar un contexto donde la seguridad, la pertenencia y la motivación son los pilares que sustentan el clima emocional. Estos tres pilares están relacionados, interconectados entre sí. Imaginemos estar en un grupo de trabajo, en un aula, en la familia, con un grupo de amigas y amigos…e imaginemos que sentimos que no formamos parte de ese grupo, que no se nos tiene en cuenta, que percibimos rechazo. Si esto sucediese, por ejemplo, en el aula, podría ser muy complicado mantener la atención en los contenidos académicos que se están trabajando, nuestro deseo de participación y colaboración podrían verse afectados, y nuestra motivación podría disminuir. ¿Por qué? Porque, volviendo a lo escrito en los primeros párrafos, somos seres sociales, y como tales, cuando perdemos la pertenencia, es muy probable que aparezca la inseguridad, y la falta de pertenencia unida a la falta de seguridad pueden llevarnos a la pérdida de la motivación.

    El investigador Matthew Lieberman apunta que el dolor emocional nos puede producir dolor físico, y puede llegar a disminuir las capacidades cognitivas y ejecutivas de la persona.

    Una de las áreas que interviene en el proceso de atención ejecutiva es la corteza cingulada anterior, responsable también de avisarnos cuando tenemos un dolor físico, y curiosamente, esta área también interviene cuando sentimos dolor emocional.

    Volvamos a imaginar que estamos en el aula, y en esta ocasión imaginemos que nos duele mucho una muela; por mucho que nos interese el contenido de lo que estamos trabajando, lo más probable es que nuestra atención hacia el aprendizaje académico disminuya o se anule en ese momento, ya que estamos recibiendo un estímulo que es mucho más importante para nuestra supervivencia, y es el dolor de muelas. Pues bien, cuando perdemos la pertenencia, cuando sentimos que no formamos parte de ese grupo, aparece el dolor social, por lo que nuestra atención, al igual que con el dolor físico, también puede verse alterada, ya que como acabamos de comentar, dolor emocional, físico y atención ejecutiva comparten la corteza cingulada anterior.

    La atención, junto a la sensopercepción, memoria, motivación y emoción, constituye parte de los dispositivos básicos del aprendizaje, lo que implica, que deben formar parte de todo proceso de aprendizaje para que éste pueda interiorizarse.

    Sin embargo, como acabamos de ver, la atención se ve alterada por factores físicos y emocionales, lo que podría indicar, y tras más de siete años aprendiendo junto a familias y docentes, he podido observar, que centrarnos en aspectos meramente académicos sin tener en cuenta los pilares socioemocionales, podría repercutir de manera negativa en los procesos de aprendizaje.

    Y es por ello, que os invito a reflexionar sobre la importancia de que la seguridad, la pertenencia y la motivación formen parte significativa de los distintos contextos en los que nos desenvolvemos, a fin de conectar con nuestra propia naturaleza social, así como con la de aquellas personas con las que nos relacionamos.

  • 16 Mar 2020 4:48 PM | Anonymous

    Por: Marisa Moya. Entrenadora certificada de Disciplina Positiva. 

    Consciencia y calma

    Hay tanta información, opiniones y creencias en las redes sociales sobre este tiempo de pausa obligada que coger el teclado para escribir no tengo claro que sume ni un ápice, es posible que hasta sature mentes más de lo que ya están.

    El panorama actual en España, y en muchos países del mundo, de inseguridad, provoca incertidumbre. El coronavirus, ese ser diminuto, ha puesto en jaque a millones de personas. Nuestras vidas han cambiado en un espacio tan corto de tiempo que no nos ha dado tiempo a encajar la dimensión del problema.

    Sin embargo, las emociones, que no precisan de tanto margen para el chequeo de los acontecimientos, se van haciendo notar. Los impulsos, tan amigos de las emociones, también hacen acto de presencia. Solo hay que asomarse a un supermercado o a la operación huida en las carreteras para constatar el imperio de los instintos.

    Por más racionales que nos creamos el dominio de los impulsos no está en segundo plano.

    Nuestros cerebros primitivos que tienen la más alta de las funciones, asegurar nuestra supervivencia, están de horas extras.

    El cóctel está servido y aparece un sentimiento, la vulnerabilidad.

    Un virus lo logra

    Parece que no hay muro que lo pare, desmonta el mundo como si de un castillo de naipes se tratara y perdemos la sensación de confianza.

    El significado de lo habitual para progenitores y pequeños comienza a ser otro. La calle no es ocio, ni juego, ni paseo, ni trabajo, ni relación con otros. Las escuelas quedan en un silencio sordo ¿Y los hogares?

    El aislamiento prudente y necesario al que nos aboca el conflicto pudiera hacernos pensar que al menos estamos en familia.

    La familia ha sido tradicionalmente concebida como el mayor exponente de seguridad para un individuo.

    La expresión #quedarseencasa moviliza a la responsabilidad y también se hace eco de ese sentimiento íntimo que para cada uno de nosotros tiene la palabra "casa". Hasta hace nada, disfrutar del hogar, era un bien alcanzable solo los fines de semana. ¿Qué ha cambiado para que incluso en el hogar nos sintamos presas del miedo? El sentir mutó, como el virus, hay un componente nuevo, un mensaje subliminal socavando, "estamos solos", en familia, porque es un aislamiento no decidido.

    Quedarse en casa, ahora, es protección, pero no es tranquilidad.

    Como no hay nada que pensar, es la aceptación la vía. Aceptemos el cambio para poder abordarlo.

    Si nos lo permitimos, si reconocemos y nos mostramos comprensivos por este sentimiento ambivalente es más probable que entendamos que la situación es nueva y nos sorprenderemos de nuestras propias reacciones ¡en familia!

    En los hogares, en estos días de "pausa", habrá revisión de áreas personales y sociales que estarán muy por encima de lo que nosotros mismos dábamos por hecho que poseíamos y habrá también revelación de otras tantas que se nos quedaron sin elaborar.

    ¡Nos enfrentamos a nosotros mismos!

    La situación tiene el poder de anular lo superfluo

    Encajar que no nos conocemos como sujetos que abordan un conflicto sin precedentes en nuestras vidas puede aminorar la sobreexigencia. Las circunstancias son otras y otros pueden ser los recursos para abordar la incertidumbre, la soledad, el miedo... ¿Contamos con esos recursos?

    En las formaciones de Disciplina Positiva hablamos de aprender a ser "buscadores de fortalezas". Ser buscador de fortalezas no es negar lo que nos sienta mal, lo que no poseemos, lo que nos hace sufrir... es aflorar lo que nos nutre, lo que hay en nosotros y en los que nos rodean que contribuye al bien común. Visibilizando las fortalezas nutrimos la seguridad y confianza en nuestras propias habilidades. Es permitirse la energía que moviliza nuestra mejor versión.

    Buscadores de fortalezas

    • En tiempos de pausa forzada, una fortaleza es "el tiempo". No es el tiempo de hace una semana, el del gozo, el de la premura, el del trajín... es tiempo de quietud activa.

    Veo en redes sociales muchos, muchos recursos y sin duda son ideas y alternativas muy valiosas; sin embargo, me queda la sensación de que pueden no funcionar, incluso sentirnos frustrados, si antes no revisamos el patrón. Es otro, ha cambiado. No hay que llenar todo el tiempo, no es necesario, no estamos apremiados por la urgencia ¡Es tiempo de pausa, tomar conciencia allana el camino!

    Otros usos para alcanzar otras finalidades.

    Aprendamos a mediar y valorar los procesos, a observar, a percibir, a contemplar, a imaginar... los descansos, la parada, los silencios de un país enfrentado que NO SE VA RENDIR ANTE LA ADVERSIDAD.

    • Otro reto de buscadores de fortalezas es trabajar para instalar  el nuevo concepto de "seguridad" en el hogar. Estar a salvo hoy es distinto de lo que era hace apenas una semana. Son otros temores y nos resulta difícil convencernos de que lo que estamos haciendo sea suficiente para tranquilizarnos.

    Si son los niños los que se manifiestan intranquilos recordemos que aprenden más de lo que ven que de lo que se dice. Tu calma es su calma. Tomemos en cuenta que somos sus lectores de vida; para tranquilizar revisemos antes lo que dice nuestro cuerpo (ceño fruncido, tensión muscular, esbozos de sonrisas). El cuerpo habla de nuestros sentimientos y pensamientos.  En lugar de distancia, receptividad. Preguntemos, "¿cómo estás?, "cuéntame más", con suavidad, con comprensión. Cuidemos lo que ven en televisión y redes sociales, agarran al vuelo la información, se dan cuenta pero no siempre interpretan, ni integran la información de manera adecuada. Cuidemos el lenguaje, cuidemos el mensaje. Dejemos de lado términos pesimistas o catastróficos. Los niños pequeños se preocupan mucho y no poseen recursos para procesarlos de manera adecuada.

    Les beneficia saber que se está trabajando para lograr soluciones... pequeños gestos, describir, analizar a nivel de su entendimiento para que puedan comprender.

    Si son los adultos que nos rodean los que pierden la calma, empaticemos, también están lidiando su propia batalla. Si lo que hacen otros nos altera, decirlo de manera no hiriente es más útil, es más probable que obtengamos receptividad, amenazar, humillar, avergonzar, castigar, sermonear... aumentará las resistencias.

    Si nos lo tenemos que contar en primera persona, si aparece el miedo, la ansiedad, hagámoslo ¡con fantasía, con humor, con cariño! No esperábamos una adversidad de tal magnitud.

    • Acostumbrados a la línea recta del bienestar ahora toca la curva que supone sentirse insuficiente o temeroso. Nos inquietan los recursos materiales que también acusarán el impacto de las circunstancias y nos inquietan los recursos emocionales para sobreponerse a lo desconocido ¿Cómo ser buscador de fortalezas en autorregulación y autocontrol en semejante reto?

    Dejemos de lado el apremio. No podemos ser siempre fuertes emocionalmente. Nadie nos está midiendo. Hará falta que respiremos para bucear en nuestro interior, somos mucho más capaces de lo que estábamos demostrando en situación de bonanza y si el aliento nos falla atreverse a buscar apoyo es sustantivo. Leer el cuerpo, interpretar sus señales y comunicar (teléfono, redes sociales, grupos que se están haciendo de apoyo, redes humanas, aunque sean en digital).

    Vamos a pasar días, semanas, juntos, en casa. La presencia, como decía, no siempre es disponibilidad emocional. Ahora que desaparece lo cotidiano establecido y mucho de lo superfluo en las relaciones humanas podemos concentrar la fuerza en lo esencial. Personas ayudando a personas para poder apreciar los cambios de ánimo y cuidarnos. Adultos modelando solicitud de ayuda es un gran referente para la que no nos quita ojo, la infancia. ¡La cooperación humana es, además de relevante para la solución del conflicto, salud mental!

    Lograremos superar esta pesadilla

    En mis talleres siempre decía que merecía la pena "parar para repensar la vida", nunca hubiera sospechado que el frenazo estaba a la vuelta de la esquina.

    ¡Así no, así no nos hacía falta parar!

    Creo profundamente en el poder transformador del ser humano, desde dentro, desde la educación, el amor y su propia iniciativa. No necesitamos que nos cambien los patrones desde fuera, y menos aún por una enfermedad dura.

    Aprovechar al máximo esta situación difícil sería que nuestra vida afectiva salga beneficiada por dos aspectos esenciales de nuestra humanidad, el autocontrol y la empatía. Es la hora de todos, es momento de que en vez de pagar un alto precio seamos capaces de enfrentar al coronavirus de la mejor manera posible, desarrollando la resiliencia.

    Mi corazón os abraza.

  • 04 Mar 2020 5:49 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por:  Ma. Gabriella Ottati de Castillo. Candidata a entrenadora de Disciplina Positiva.

    ¿Con cuántas entonaciones se puede decir esta frase?

    Es probable que cuando la decimos o la oímos, esté cargada de una connotación negativa. Equivocarse normalmente produce enojo, tristeza, desilusión.  

    Se siente temor ante las consecuencias de los errores pero también frente al juicio negativo que los demás pueden formarse de nosotros.  Los errores nos hacen sentir que somos malos, inadecuados, perdedores, culpables.

    Y como nada de esto es agradable… ¡tapamos los errores! 

    • Los ignoramos o minimizamos (“no es tan grave”, “no es verdad”).

    • Los atribuimos a circunstancias externas o a otras personas (“fue culpa de…”).

    • Los justificamos (“es que esto ocurrió porque no tengo…”).

    • Los convertimos en aciertos (“creo que fue bueno hablarle de esa manera porque así aprende”).

    En resumen… ¡Los desperdiciamos!

    Un error es en realidad es una prueba clara de que estamos intentando algo nuevo. 

    Un error es la muestra de que hemos salido de la zona de confort y hemos aprendido que hay un camino para llegar a nuestro objetivo que no es el que elegimos en primer lugar.

    Un error es claramente una oportunidad de aprendizaje,  pero para poder aprender de los errores hay que:

    • Reconocerlos.
    • Responsabilizarse por ellos.
    • Analizarlos.

    Y…¿cómo se hace para que los hijos aprendan esto?

    Primero lo primero: los adultos debemos “hacer vida” estas ideas. Reconozca públicamente sus errores… sin dramas.

    Segundo: Evite culpabilizar, quejarse y sobre reaccionar con los errores de los hijos. Lo natural es que cuando algien está aprendiendo algo, se equivoque ocasionalmente. Si el adulto hace un problema de cada equivocación, le envía al niño este peligroso mensaje: “Sólo eres bueno y valioso cuando eres perfecto”. El resultado es que como el niño necesita ser valorado y querido, probablemente decida ocultar sus equivocaciones o se niegue a intentar cosas nuevas.

    Tercero: ayude a que se produzca un aprendizaje:

    • Acompañando al niño en las consecuencias de su acción (acompañar no es sustituir),

    • Guiando su reflexión con preguntas (¿por qué crees que pasó esto? ¿qué otra cosa pudiste haber hecho? ¿te gustaría intentar algo diferente?),

    • Apoyando la búsqueda y puesta en marcha de soluciones. Los niños deben saber que ellos pueden encontrar mejores y más productivas maneras de actuar y que hay posibilidades de reparar.


    De esa forma el ¡Me equivoqué! podrá ser dicho con una connotación positiva de expectativa por la mejora.


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