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  • 23 Aug 2021 12:25 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: M. Carmen Dolores Ramos Johnson - Candidata a entrenadora de Disciplina Positiva.

    Para la mayoría de las actividades que realizamos nos apoyamos con el uso de herramientas para obtener mejores resultados. Por ejemplo, una diseñadora de modas hace uso de herramientas tales como: un diseño, la tela, un patrón, unas buenas tijeras y todo su talento. Un chef utiliza otro tipo de herramientas que le ayudan a crear sus deliciosas recetas: batidora, buenos cuchillos, sartenes, y los mejores ingredientes. Y así, podemos mencionar un sin número de actividades y sus herramientas que facilitan el éxito o fracaso del producto.

    En ocasiones, el éxito en la realización de ciertas actividades depende del tipo de herramientas utilizadas y en el caso de educar también, el éxito a largo plazo depende mucho de las herramientas que empleamos.

    Generalmente nuestro estilo de crianza está basado en el castigo o el premio y utilizamos uno u otro según sea la situación, nuestro estado de ánimo, o si de pronto hicimos uso excesivo del castigo, nos inclinamos a usar premios y así, podemos estar “danzando” entre uno y otro, a veces pensando que estas son las únicas herramientas que existen, pero no es así.

    Afortunadamente, existen una gran variedad de herramientas que son excelentes aliadas en la crianza y educación de los niños y niñas, entre ellas: la escucha, la conexión antes de la corrección, las opciones limitadas, el contacto visual, los abrazos, las preguntas de curiosidad, el validar los sentimientos, por mencionar algunas.


    A continuación, incluyo una breve descripción de algunas de estas herramientas que propone la “Disciplina Positiva”, con el fin de que puedas ir sumándolas a tu valiosa, ardua y satisfactoria tarea de educar.

    La escucha: Los niños y niñas necesitan sentirse escuchados(as) para después escuchar. Es común decir, “Ahora la que habla soy yo” y soltamos el discurso #523 y de entrada el cerebro del niño o niña se bloquea y lo que menos están haciendo es escuchando. Si quiero que me escuchen debo de modelar escuchando.

    Cómo lo hacemos:

    1) Toma conciencia de cuantas veces interrumpes, juzgas, defiendes tu postura, sermoneas o das órdenes cuando el niño o niña quiere hablar contigo.

    2) Detente (boca cerrada) y, sólo escucha. Puedes hacer preguntas cómo,

    ¿A qué te refieres con …? ¿Me puedes dar un ejemplo?

    3) Una vez que el niño o la niña termine de hablar pregunta si está dispuesto(a) a escucharte.

    4) Después de la conversación, enfócate en buscar alguna solución que funcione para los dos.

    Valide los sentimientos: Cuando de sentimientos hablamos, en ocasiones utilizamos frases como “estas exagerando”, “no es para tanto”, “no te sientas triste” etc., en realidad estas frases no ayudan a lidiar con los sentimientos. ¿Qué podemos hacer?

    1) Primero permitir que los niños experimenten sus sentimientos para que puedan aprender a lidiar con ellos.

    2) Evita arreglar, rescatar o tratar de convencerlos de no tenerlos. Por ejemplo, cuando el niño o la niña está muy enojado(a) comúnmente decimos “no te enojes, no es para tanto” provocando más enojo y que no se sienta comprendido.

    3) Valide sus sentimientos: “Veo que estas realmente - triste, enojado(a), alterado(a)”. Al ratificar el sentimiento que vemos,  el niño o la niña se sentirá comprendido.

    4) Mantenga su boca cerrada y tenga confianza que su hijo o hija lo manejará.

    Una de mis herramientas favoritas son las preguntas de curiosidad, estas permiten que los niños desarrollen un pensamiento propio, entonces en lugar de ordenar hacemos preguntas.

    1) “¿Qué necesitas hacer para limpiar el refresco que se derramó? (en lugar de decir “limpia ese tiradero” – al recibir una orden nuestro cerebro se bloquea).

    2) ¿Qué plan tienes para terminar tu tarea?

    3) ¿Cómo pueden resolver el problema tú y tú hermano?

    Te invito a poner en práctica estas sencillas herramientas, estoy segura que mejorará la comunicación y colaboración, así como desarrollará la responsabilidad en tus hijos o hijas y en tus alumnos o alumnas. Como todo proceso de cambio, al principio es difícil ir modificando lo que venimos haciendo desde hace tiempo atrás, pero una vez que vamos haciendo nuestras estas formas distintas y vamos experimentando, paso a paso, cambios satisfactorios, se van haciendo parte de nuestro estilo de vida, y lo más maravilloso es que son útiles con grandes y pequeños.

    Bibliografía: Herramientas de Disciplina Positiva. Tarjetas para mejorar sus habilidades como padres. Jane Nelsen y Adrian García.

  • 20 Jul 2021 10:53 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Glenda Montgomery. Profesora, madre, educadora certificada en Disciplina Positiva.

    ¡KA BAM! La puerta de la habitación de mi hijo se cerró de golpe mientras entraba como un rayo para meterse bajo las sábanas y las mantas de su cama. Había oído que se llamaba "hacer una cueva", lo que hacen algunos chicos cuando se sienten abrumados por la emoción. Me quedé fuera de la puerta cerrada, exasperada. Había perdido su lonchera tres veces esa semana y acababa de descubrir que, una vez más, había dejado los deberes en el colegio. Últimamente me “jalaba los pelos” por su comportamiento. Me obligaba a elegir su ropa por la mañana, a recoger sus cosas, a llevar sus libros olvidados al colegio y a recordarle constantemente las tareas domésticas y otras que ya hacía él solo desde hace un par de años. Me interrumpía cuando estaba en una conversación con otra persona, pero no me hablaba cuando yo quería hablar con él. Cada vez que se lo criticaba, lo cual admito, estaba siendo muy habitual, corría a su habitación y daba un portazo. Le había preguntado qué creía que estaba pasando y qué sentía, pero no parecía tener ni idea. Sin embargo, yo sí sabía cómo me sentía: exasperada, irritada, molesta, preocupada... y culpable de no haberlo manejado bien.

    ¡Ser padre es trabajo duro!

    Ser padre es trabajo duro. No tuvimos que obtener una licencia para convertirnos en padres y, que yo sepa, ningún niño vino con instrucciones de uso. Tendemos a salir adelante, utilizando las estrategias de crianza que nos resultan naturales y que, por supuesto, son las que nuestros padres utilizaron con nosotros. Cuando las cosas van bien, nos sentimos bendecidos por tener unos hijos tan maravillosos y creemos que estamos haciendo un buen trabajo como padres. Pero, cuando las cosas se ponen difíciles y las estrategias que nuestros padres utilizaron no funcionan, la crianza de los hijos puede convertirse en un trabajo muy emocional. Nuestros sentimientos pueden llevarse lo mejor de nosotros: frustración, ira, preocupación, vergüenza, impotencia, desesperanza, miedo. Podemos sentirnos desafiados, amenazados, decepcionados, disgustados, desesperados y heridos. Mis hijos ni siquiera han llegado a la adolescencia y creo que en algún momento he sentido cada una de estas emociones en los doce años que he tenido hijos. Sobre todo, estoy confundida sobre por qué mi hijo se "porta mal" y estoy desesperada por tratar de encontrar una solución.

    Los niños se portan mejor cuando se sienten alentados

    Aunque me críe en un hogar en el que se castigaba el mal comportamiento, a través de mi aprendizaje y mi trabajo como profesora pude ver que no tenemos que hacer que los niños se sientan peor para que se porten mejor. Piénsalo: si has metido la pata en el trabajo, ¿te sientes inclinado a hacerlo mejor si te han avergonzado y castigado? ¿O te sientes más inclinado a hacerlo mejor si alguien te apoya para que descubras lo que ha ido mal y por qué, y luego está disponible para consultarle durante el proceso de enmendar el error? Sé que, en este sentido, los niños no son diferentes. Los niños se portan mejor cuando se los alienta... no cuando se los castiga ni se los engríe. Como padre, me centré en la solución, pero no sabía a dónde acudir para averiguar por qué mi hijo hacía lo que hacía, ni qué debía intentar para ayudar a mi hijo a resolver el problema y conseguir que el comportamiento cesara.

    La información más importante que he recibido sobre la crianza de los hijos vino de las clases de Disciplina Positiva para padres, basadas en el libro de Jane Nelsen, Disciplina Positiva.  Ahora, cuando me siento completamente perpleja y estoy sumida en un caos emocional por el comportamiento de uno de mis hijos, tengo un lugar por donde empezar. Se llama la tabla de metas equivocadas.

    La Disciplina Positiva se basa en el trabajo de los famosos psiquiatras del siglo pasado, Alfred Adler y Rudolf Dreikurs, que propusieron la idea de que los seres humanos están motivados por objetivos y que, como seres humanos, nuestros dos principales objetivos son sentirnos importantes y tener un sentido de pertenencia. Actuamos para alcanzar nuestros objetivos. En otras palabras, gran parte de nuestro comportamiento está impulsado, a menudo inconscientemente, por la necesidad de sentirnos importantes y sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos. A veces nuestros hijos tienen ideas equivocadas sobre cómo sentirse importantes y cómo conseguir ese sentido de pertenencia, lo que los lleva a hacer cosas que a nosotros nos parecen “mal comportamiento”. El desconcertante mal comportamiento de nuestros hijos realmente tiene sentido cuando se lo mira desde una perspectiva que comprende estos objetivos.

    Rudolf Dreikurs vio cuatro creencias detrás del comportamiento que los niños tienen a veces sobre la importancia y la pertenencia. Los niños pueden sentir que:

    • Pertenecen o son importantes sólo si reciben un servicio especial y atención especial de los demás.
    • Pertenecen o son importantes sólo si son el jefe y dirigen el espectáculo.
    • No pertenecen y no son importantes, se sienten enojados y heridos y como resultado quieren hacer que todos los demás se sientan tan mal como ellos.
    • No pertenecen y no son importantes, y por eso se han rendido.

    Rudolf Dreikurs llamó a estas creencias equivocadas, las metas equivocadas de:

    • Atención excesiva
    • Poder mal dirigido
    • Venganza
    • Ineptitud asumida

    Cada niño es diferente

    Cada niño es diferente. Mi hija es mi primogénita. Cuando pasaba por una fase difícil, nos sentábamos a hablar de ello. Ella nos explicaba cómo se sentía y podía trabajar el uso del "por qué". Juntos resolvíamos los problemas y planificábamos. Me sentía bastante satisfecha. ¡Esto era pan comido! Entonces mi hijo llegó a la edad escolar.  Hablando con mis amigos, pude entender que mi hijo no era el único que no tenía ni idea de lo que sentía, ni de por qué lo sentía, ni de qué hacer al respecto. Estaba perdido en medio del torbellino de su comportamiento y sus emociones. El alivio es que, para utilizar con éxito la tabla de metas equivocadas, no tienes que saber lo que tu hijo está sintiendo, ¡sólo tienes que saber cómo te estás sintiendo TÚ! Usted es capaz de utilizar esas emociones incómodas para ir por el camino correcto. El uso de la tabla de metas equivocadas le permite averiguar qué creencia errónea está detrás del mal comportamiento de su hijo. Intente ver el mensaje codificado en su hijo de alguna manera, imaginando una camiseta o en la parte delantera de un sombrero. Mantenga esta imagen viva cuando empiece a trabajar con sus hijos, porque entender su pensamiento equivocado y desalentado le ayudará a tener más empatía y paciencia cuando les brinde apoyo en esta fase.

    Al quedarme en el pasillo frente a la puerta cerrada de la habitación de mi hijo, suspiré con frustración y volví a la sala de estar para sentarme. ¡AARRRGGH! Estaba inundada por mi propio caos de emociones hasta que recordé que en lugar de sentirme abrumada y humillada por esta tormenta maternal de sentimientos, podía utilizarla de forma productiva. Recordé la tabla de metas equivocadas y rápidamente la tormenta se despejó permitiendo mucha más claridad. Utilizando la tabla, vi que lo que estaba sintiendo y cómo estaba reaccionando apuntaba a que mi hijo tenía la meta equivocada de "Atención excesiva". Me hizo saber que mi hijo tenía la creencia equivocada de que, a menos que consiguiera que yo hiciera cosas por él o fuera el centro de mi atención, él no pertenecía y no era importante. Su mensaje codificado (oculto para ambos hasta que utilicé la tabla de metas equivocadas) era: "¡Nótame! Involúcrame de forma útil".

    ¡Enfocándose en soluciones!

    Empecé por mirar el calendario y reservé un momento en el día de ambos para pasar tiempo juntos. Esto le transmitiría el mensaje de que era lo suficientemente importante como para pasar tiempo sin interrupciones y que debíamos estar juntos. Escribí esto en el calendario de cada semana para que estuviera visible. Cuando se calmó y salió de su habitación, mi hijo se sentó conmigo y creamos una tabla para ayudarle a prepararse por la mañana. Le expliqué que me molestaba mucho regañar, por lo que tendríamos que encontrar otros recordatorios que no fueran mi voz para hacer las tareas y practicar el piano. Me sugirió que pusiera un temporizador en la estufa y que estableciéramos horarios específicos cada día para hacer las tareas y la práctica del piano. También creamos algunas señales no verbales que podía utilizar.

    Durante el resto de la semana, me fijé en los momentos en los que utilizaba con éxito sus nuevas estrategias y hacía las cosas sin necesidad de recordatorios. Se lo conté en voz baja por la noche, cuando lo arropé, y me aseguré de preguntarle cómo se sentía él con sus éxitos y cómo se estaba organizando mejor. Estaba muy entusiasmado con nuestro “tiempo juntos" y tenía una lista de ideas de actividades que quería que hagamos juntos. Cuando ambos nos sentimos más cercanos y nos acurrucamos juntos un día de esa semana, compartí con él cómo me sentía cuando salía corriendo y daba un portazo cuando intentaba hablar con él sobre algo difícil. Hicimos una lluvia de ideas sobre otras formas (y las escribimos) de hacerme saber que estaba frustrado o enfadado, e incluso sobre cómo podía decirme que necesitaba estar a solas en ese momento, pero que saldría y hablaría conmigo cuando se hubiera calmado. Me sugirió que, si no lo seguía a su habitación, se retiraría sin dar un portazo. También me pidió que escribiera las frases que podía utilizar para anunciar su necesidad de pasar un tiempo a solas y las pegamos en su cuadro de anuncios.

    Contribuciones

    Sabiendo que mi hijo necesitaba encontrar otras formas de verse a sí mismo como alguien importante, le di a elegir tres nuevas formas de ayudar a nuestra familia (importancia y pertenencia). Eligió "cortar el césped". Mi marido y yo nos tomamos el tiempo necesario para enseñarle a utilizar la podadora de forma segura y trabajamos con él las primeras veces que cortó el césped. Se sentía muy bien con esta contribución que ahora hacía. Finalmente, las cosas empezaron a cambiar. Se sintió más seguro de las muchas maneras en que tenía importancia y pertenencia. Yo fui más paciente y comprensiva cuando tuvo un desliz. Todavía se olvida de vez en cuando de su lonchera en el colegio, pero sabe que cuando lo hace, tiene que llevar su comida en una bolsa de papel hasta que traiga su lonchera a casa y luego debe limpiarla él mismo para tenerla lista para la comida del día siguiente. Yo no lo regaño y él no se queja.

    En el pasado, solía sentirme sobre exaltada y avergonzada por la fuerza de las emociones negativas que sentía cuando me enfrentaba al mal comportamiento de mi hijo. Ahora sintonizo con ellas y las utilizo de forma proactiva. Soy capaz de sentarme con la tabla de metas equivocadas, encontrarme allí y saber que también podré ver dónde se encuentra mi hijo. Mis emociones me orientan hacia soluciones que no habría visto de otra manera, me dan estrategias específicas para usar y me permiten entender mejor el mundo que mis hijos están experimentando. Lo irónico es que, ahora que comprendo lo importantes y útiles que son estos sentimientos negativos, ya no me parecen tan intensos ni tan abrumadores. Son simplemente un nuevo conjunto de herramientas.

  • 13 Jul 2021 11:07 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Melanie R. Miller, M.Ed.,Por Melanie Miller. Educadora de padres y consejera escolar basado en el trabajo de Positive Discipline, Jane Nelsen, Ed.D., Lynn Lott, LMFT et.al.

    Aparte de los retos habituales sobre la crianza de los hijos, me sentía bastante segura para manejar lo que se me presentaba hasta que mi hijo de siete meses, que gateaba y era curioso, empezó a meterse con los objetos más preciados de mi hija de tres años.  Mientras mi hija exigía que saliera de su habitación, mi hijo se lamentaba y se agitaba, mientras yo lo retenía... no tenía ni idea de qué hacer. Toda la formación como consejera escolar, todas las horas de resolución de problemas con los alumnos e incluso las formaciones que hice para enseñar a los niños a resolver conflictos no fueron suficientes para los retos diarios que plantean un niño de casi un año y otro de tres.


    Aprendiendo habilidades para la vida

    En aquel entonces (¡menos mal!) empecé a dar clases para padres.  Los conflictos siempre han sido difíciles para mí.  Y ahora estaban impregnados en mi casa.  No quería lidiar con ello. Sólo quería que todos se llevaran bien.  En mis clases, recordé cómo los cachorros del oso, del león y del lobo luchan, se burlan y se abalanzan unos sobre otros. Aprenden habilidades necesarias para la vida, como la caza y la autodefensa.  Así que, si a través de las peleas, están adquiriendo habilidades de vida muy necesarias, ¿qué estaban aprendiendo mis hijos de las peleas, de querer el juguete que tiene el otro y de los empujones y gritos?

    Sé que de mis propios hermanos aprendí a construir grandes fortalezas, a hacer ciudades de barro y a esquivar bolas de nieve en los días de nieve. También aprendí a alejarme, a defenderme, a negociar, a tomar turnos y a aprender de los demás. A veces aprendí estas habilidades en tiempos de paz y a veces las aprendí en tiempos de conflicto.  A pesar de las típicas burlas y los empujones, gané mucho y tengo muy buenos recuerdos de mis hermanos.

    Quería que mis hijos tuvieran algunos de esos mismos recuerdos.  Me di cuenta de que necesitaba ver el conflicto como una oportunidad para crecer. Una oportunidad para adquirir habilidades interpersonales que algún día ayudarán a mis hijos a desenvolverse en el mundo adulto de los cónyuges, el trabajo, el vecindario y, con suerte, sus propios hijos.

    Minimizar la competencia

    Una de las cosas más importantes que un padre puede hacer para disminuir la cantidad de conflictos entre hermanos en su casa es minimizar la competencia. Evite comparar a los hermanos. Evite las recompensas, pero no se olvide de celebrar los logros de cada niño de una manera que sea apropiada para ellos. Utilice el aliento en lugar del elogio. Evite etiquetar o tratar a uno como el bravucón y a otro como la víctima (nunca se sabe exactamente lo que ha pasado).  Si tiene que intervenir en un conflicto, ponga a los niños en "el mismo barco", trate a todas las partes por igual.

    Dedica tiempo para entrenar

    El siguiente paso que puedes dar es "dedicar tiempo al entrenamiento". Anime a sus hijos a utilizar sus palabras. Enséñeles a utilizar los "mensajes yo" (me siento enfadado cuando entras en mi habitación sin tocar la puerta).  Enséñeles que "detenerse" significa "detenerse". Si alguien en la casa dice "alto", significa que dejas de hacer o decir lo que estabas diciendo o haciendo (esto también se aplica a los niños que piden a sus padres que paren).  Las burlas son hirientes.  Pueden ir demasiado lejos y herir los sentimientos, lo que lleva a herir más.  Pregunte a sus hijos: "¿tus palabras son hirientes o útiles?". Reconozca los sentimientos que hay detrás del comportamiento. Si un niño se siente herido, herirá a los demás.  Utilice la empatía y diga: "¿Puede ser que te sientas herido porque te he gritado?  ¿Podría ser que te sientas tan herido que ahora quieras hacer daño a tu hermano?". 

    Analiza el conflicto entre hermanos en casa

    Una vez que haya puesto de su parte para disminuir la competencia y haya proporcionado algún tipo de entrenamiento, es hora de que se aparte del conflicto. Analice el conflicto entre hermanos en su casa.  ¿Cuántos de ellos se deben realmente al problema en cuestión o a la implicación de papá o mamá?  Lo crea o no, sus hijos pueden ver su reacción negativa como algo mejor que lo que está ocurriendo entre ellos. ¿Te encuentras rescatando al más pequeño y diciéndole al mayor... "deberías saberlo, deja de meterte con tu hermanita"?  (No te preocupes; ¡todos lo hacemos!) Así que el conflicto continúa porque ahora el más joven sabe que puede conseguir que mamá o papá vengan al rescate.  Lo más probable es que el mayor se resienta con el menor… y el conflicto continúe. Suficiente de hacer de árbitro, ¡es hora de salir del conflicto!

    La próxima vez que los niños entren en conflicto, pruebe una de las siguientes estrategias - Adaptado de Teaching Parenting the Positive Discipline Way; Nelsen, Lott

    • Apártese: Cuando comience el conflicto, póngase a su nivel físico... asegúrese de tener contacto visual y de que lo escuchen.  Entonces diga "Noto que están teniendo un conflicto, confío en que los dos pueden solucionarlo. Voy a volver a la cocina para terminar la cena. Por favor, avísenme cuando hayan terminado con su conflicto".
    • Aguántelo: Una vez más, póngase a su nivel y establezca contacto visual.  A continuación, diga: " Noto que están teniendo un conflicto, voy a sentarme cerca de ustedes y voy a leer mi libro, periódico o revista mientras ustedes lo resuelven". Haga todo lo posible para no involucrarse.  Esto funciona muy bien en el carro.  Sólo asegúrese de parar antes de empezar a leer y permítase tener un tiempo extra.
    • Deje que se vayan: De nuevo, a su nivel, manteniendo contacto visual, diga: "Noto que están teniendo un conflicto, son bienvenidos a discutirlo, y necesito que lo hagan en otro lugar que no sea la cocina.  ¿Quieren terminar su conflicto arriba o afuera?”.
    • Escuche: Deje que ambos hermanos compartan su historia sin interrumpir y sin juzgar.
    • Ámelos: ¡¿Qué tal un abrazo grupal!? Póngase en medio de su conflicto y deles un gran abrazo a ambos.
    • Alégrese: Use el humor, ¿Qué importancia tiene?... ¿Es su problema o el de ellos?

    Mantenerse al margen de los conflictos de los niños es un proceso.  Es posible que la primera vez sólo pueda hacerlo durante unos minutos. Esfuércese, la próxima vez que ocurra el conflicto, añada unos minutos más. Con el tiempo, tendrá la confianza necesaria para mantenerse al margen de los conflictos y sus hijos tendrán el estímulo necesario para resolver sus propios problemas.

  • 23 Jun 2021 11:45 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Melanie R. Miller, M.Ed.Consejera escolar, educadora de padresCertificada en Disciplina Positiva.


    Las "cuatro C"

    Antes de que los niños puedan aprender las "tres R", necesitan la protección vital que proporcionan las "cuatro C": Conexión, Capacidad, Consideración y Coraje. (Kottman, 1999)

    Un niño que puede conectar con los demás (conexión), que puede cuidar de sí mismo (capacidad), que se siente valorado por los demás (consideración) y que tiene coraje, tiene más oportunidades de crecer de forma responsable, productiva, cooperativa, autosuficiente, resiliente, recursiva, contribuyendo y siendo feliz.  (Kottman 1999) Y, como habrás adivinado, ¡tiene mejores resultados académicos!

    Capacidad

    Para el propósito de este artículo, me gustaría centrarme en la  "capacidad" de las "cuatro C".  Piensa en el niño que, por la mañana, se viste por su cuenta, participa en la preparación del desayuno, se le incluye en resolver cómo estar listo y salir por la puerta a las 8:05 de la mañana, se le anima a correr riesgos, se le permite cometer errores.  Ahora, piensa en el niño al que se le dice qué tiene que ponerse para ir al colegio (¡la madre viste a este niño!); al que no se le permite ayudar con el desayuno porque lleva toma tiempo o es demasiado desordenado; al que se le recuerda constantemente lo que tiene que hacer para prepararse para el colegio; al que no se le permite ir al colegio con sus amigos porque la madre o el padre no confían en que llegue a tiempo.

    ¿Qué niño se siente más capaz?¿Qué niño va a entrar en su clase con confianza y con la sensación de que puede contribuir y ser una parte importante de su clase y de su aprendizaje?

    ¿Qué mensaje le estás dando a tu hijo?

    En nuestra sociedad de supermamás y de agendas apretadas, es mucho más fácil hacer por nuestros hijos cosas que ellos pueden hacer por sí mismos.  Todos sabemos cuánto tiempo puede tardar un niño de seis años en atarse los zapatos.  Todos sabemos lo doloroso que es ver a nuestro hijo luchar mientras aprende una nueva habilidad o intenta un nuevo problema de matemáticas. Pero, ¿qué mensaje les damos cuando intervenimos en su lugar? ¿Podría ser el mensaje: “eres demasiado pequeño, deja que lo haga alguien más grande”, “yo puedo hacerlo mejor que tú”, “deja de intentarlo, nunca lo conseguirás”, “no lo haces bien, así que ni te molestes”? Y se va al colegio con la creencia "no soy capaz, los demás pueden hacer las cosas mejor que yo, si lo intento lo voy a estropear". Un niño con esta creencia no se va a sentir capaz de aprender y no se va a responsabilizar por su educación.

    Los niños nacen sintiéndose capaces. Recuerda al bebé que se esfuerza por mantener la cabeza en alto mientras está tumbado boca abajo, o la frase favorita de los dos años: "Puedo hacerlo yo solo".  Como padres, podemos alimentar y guiar este viaje de desarrollo de la capacidad.  Las siguientes sugerencias te guiarán en el camino.

    • Deja de hacer por los niños lo que pueden hacer por sí mismos: ¿Qué haces por tu hijo que, desde el punto de vista del desarrollo, puede hacer por sí mismo?
    • Ten fe en tus hijos: Ten fe en que son capaces. Cuando quieras intervenir y hacer por ellos algo que pueden hacer por sí mismos, pregúntate: "¿Estoy actuando desde la fe o desde el miedo?"
    • Permite que tus hijos pidan ayuda.... en lugar de intervenir cuando tengan dificultades. Dales la dignidad de ser capaces de hacer la tarea por sí mismos. Pregúntales si quieren hacer la actividad juntos o solos.
    • Las acciones dicen más que las palabras: Podemos decir a nuestros hijos una y otra vez .... "puedes hacerlo, eres inteligente, eres capaz".  Pero, ¿acaso nuestras acciones expresan esas mismas palabras?
    • Permite que tu hijo contribuya a la familia:  Si a tu hijo le gusta cocinar, dale una forma significativa de contribuir con la comida familiar. Dale trabajos que realmente faciliten tu tarea; ¡no sólo trabajos que lo mantengan ocupado mientras tú preparas la comida!
    • Piensa que los errores son maravillosas oportunidades para aprender: Cuando tu hijo cometa un error... ¡celebra!  Reconoce el error y pregunta a tu hijo qué ha aprendido de esto.  Pídele que te ayude con una solución para reparar el error.  Los niños se sienten mejor cuando no son sólo parte del problema (el error), sino parte de la solución (la reparación).
    • Modela la forma de cometer errores... Tómate las cosas con calma.  Di "Oh, me he equivocado".  Comparte lo que has aprendido y expresa tu solución para repararlo. A la hora de la cena, haz que todos compartan un error que hayan cometido durante el día y cómo lo han reparado.
    • Haz una lluvia de ideas sobre las tareas domésticas (contribuciones) con tus hijos: Crea una rutina para hacer las tareas. Además de las tareas aburridas y de poca importancia, permite que los niños hagan las tareas que antes eran sólo para los adultos. ¿Recuerdas cuando tu hijo de cinco años se moría de ganas de barrer el suelo?  Eso era un trabajo sólo para adultos.

    Así que, cuando tu hijo vaya a la escuela, dale un gran abrazo y un beso. Dile que se arriesgue, que se ensucie y que cometa muchos errores. Y cuando vuelva a casa y te cuente el día difícil que ha tenido... dale un abrazo y escucha, escucha, escucha.  ¡Diles que tienes fe en ellos y que sabes que encontrarán la solución!

  • 02 Jun 2021 2:04 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Sahara Pirie, CPDA


    La influencia de los medios de comunicación es un reto en el mundo actual. La televisión y otros medios con pantallas son significativamente diferentes hoy en día que hace 20 o incluso 10 años y esos cambios tienen profundas repercusiones. Como madre, me preocupa, y me doy cuenta que dentro de mi familia sólo puedo hacer algo hasta cierto punto. Mi objetivo ha sido enseñar nuestros valores y el efecto que la televisión puede tener en nosotros, y tratar de no ser controladora al respecto, lo cual a veces es un desafío.

    He aquí algunas ideas:

    • Educación

    Infórmate sobre los beneficios y los peligros del tiempo frente a la pantalla.  El Instituto Nacional de medios y la familia (National Institute on Media and the Family - www.mediawise.org) tiene una gran información que compartir. Los estudios han demostrado una correlación directa entre el tiempo frente a la pantalla y el rendimiento escolar; tiempo de lectura y rendimiento escolar, etc.

    • Valores

    Determina tus valores en torno a la televisión y otros medios de comunicación frente a la pantalla. Invita a una discusión familiar sobre ellos. Incluye cómo pueden ser diferentes de los valores de otras familias y por qué. Invita a hacer preguntas.

    Basándose en esos valores, define los límites en cuanto al tiempo frente a la pantalla.

    • Modelar el comportamiento

    Modela el comportamiento que desea que adopten tus hijos. Al tener este tipo de conversaciones con nuestras familias, es útil recordarles a los niños que nuestro papel como padres no es controlarlos o hacerles la vida imposible, sino enseñarles y guiarlos para que sean adultos capaces, competentes y responsables.

    Nuestros límites y fronteras están diseñados con ese objetivo y nos va mejor cuando estamos dispuestos a discutirlos en lugar de imponerlos.  Esto no hará que a tus hijos les guste la idea, pero les ayudará a entenderla.

    Ejemplos

    Los siguientes ejemplos están basados en mis propios valores familiares, los comparto aquí como ejemplos.  Tus elecciones deben basarse en tus valores familiares.

    Sólo tenemos un televisor y está en la habitación de los "restos", que está en el sótano, lo que significa que no está cerca de la mesa de las comidas ni de los espacios comunes más utilizados. Mi marido y yo no vemos mucho la televisión, así que nuestra hija no nos ve viéndola de forma habitual. 

    • Preparar el terreno

    Hablamos de la televisión a niveles apropiados para su edad y, en la medida de lo posible, la incluimos en el proceso de reflexión y en la toma de decisiones. Una de las cosas que hice fue explicarle que creo que la televisión puede robarle la imaginación y la creatividad.  Me preguntó cómo y le dije que cuando leía algo o escuchaba algo tenía que crear esa imagen en su mente, pero que cuando lo veía en la televisión alguien lo había hecho por ella.  Le dije que creía que era una habilidad muy importante que había que tener y conservar y que por eso siempre hablábamos de los equilibrios.

    • Poner límites de tiempo al uso de todas las pantallas 

    En nuestra casa, el uso de la computadora durante la semana está permitido para los trabajos escolares, los fines de semana hay más libertad de acción.  Vemos una película en familia casi semanalmente (Por cierto, gran parte de mi trabajo es en una computadora, así que ella me ve en el ordenador todos los días.  Estoy segura que por eso le resulta más atractiva la computadora que la televisión).

    Tuvimos la suerte de pasar un año en el "jardín de infancia" con el sistema Waldorf, que desaconseja en gran medida los medios de comunicación y tiene la norma de no ver la televisión durante la semana escolar. Mantuvimos esa norma cuando entramos en la escuela pública.

    A medida que crecía, le permitimos pasar más tiempo frente a la pantalla y tener más responsabilidad a la hora de decidir qué está bien ver. Cuando vemos la televisión, solemos hacerlo en familia.

    • Explorar los valores familiares

    Aprovechamos los conflictos sobre el tiempo frente a la pantalla para explorar nuestros valores familiares. Una vez vino a casa para enseñarme un juego de computador en línea y me preguntó si podía jugarlo. Se trataba de violencia contra un animal de dibujos animados. Se rio cuando tuvo éxito... ouch.  Afirmó: "¡Es divertido! No es real..." Le pregunté: "¿Qué tiene de divertido matar animales de dibujos animados en la pantalla?".  Esto la dejó un poco boquiabierta.

    Poco después perdió el interés por ese juego en particular. Puede ser que conectara los puntos y que fuera un conflicto para ella.  Creo que fue fácil para ella pasar por alto la actividad del juego porque quería pertenecer al grupo de amigos y todos lo estaban haciendo. Los sitios de "redes sociales" para niños, como Club Penguin y Webkins, también han ofrecido oportunidades para la discusión y la negociación. Es un proceso continuo.

    • Reuniones de juego

    Cuando tenemos reuniones de juego, la regla general es no pasar tiempo frente a la pantalla. Las reuniones de juego son para jugar y establecer conexiones en tiempo real con los amigos, cara a cara. Con sus amigos, cuyos padres no están preocupados por los medios de comunicación, animo a que se reúnan en nuestra casa para jugar.

    No es un sistema perfecto y eso está bien, ya que de los errores se extraen grandes lecciones.

    No asumas que porque tu hijo sea joven no se encontrará en sitios de Internet inapropiados, ya sea por error o con intención.  Piensa en esto ahora y trabaja en un plan de acción.

    Conozco a una alumna de tercer grado que encontró el camino hacia la pornografía en Internet, llevada por otra alumna de tercer grado (más joven). El sitio era demasiado intrigante y ella tenía demasiada curiosidad para abandonarlo. En su lugar, buscó más sitios. Sus padres tenían la computadora en un espacio común. Le habían enseñado lo que tenía que hacer si se encontraba con un sitio de este tipo. Esencialmente, habían tomado todas las precauciones que conozco. A causa de una notificación habían quitado el control parental de esta máquina porque al estar activado ella no podía acceder a los sitios para hacer su proyecto de investigación.

    Personalmente, no creo que un mayor control sea la respuesta, invitará a la rebelión, y eso me lleva a pensar que debemos educar a nuestros hijos pronto y a menudo, y mantenernos conectados. El tiempo que dediquemos a esto desde el principio nos ayudará a todos durante la adolescencia.

    No hay nada que podamos hacer para proteger absolutamente a nuestros hijos.  Nuestra mejor opción es ser proactivos y educarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos. Y eso no está exento de dificultades.

    La hora de la comida es un momento excelente para tener conversaciones significativas, construir relaciones familiares, discutir temas mayores y conectar con los demás cara a cara. Esto se vuelve mucho más difícil cuando nuestros hijos crecen y participan en muchos deportes u otras actividades extraescolares.  Por favor, no invites a la televisión o a otra pantalla a tu mesa para comer.

    Del Instituto Nacional de medios y la familia: "Internet está lleno de oportunidades y peligros. Los niños de hoy tienen más información al alcance de la mano de la que podíamos soñar hace tan sólo veinte años. Por otro lado, tienen acceso a más contenidos inapropiados de los que podíamos temer. ¿Significa esto que tenemos que tirar las computadoras por la ventana? Por supuesto que no. Lo que sí significa, es que debemos ayudar a nuestros hijos a aprender a usar Internet de forma responsable y conectar con ellos sobre lo que hacen y lo que han visto en la red".

    Aprender. Conectar. Hablar.

    Vigila lo que ven tus hijos.

    Si te apasiona este tema, hay oportunidades para hacer más, hablar con otros padres, obtener información de organizaciones que trabajan por los objetivos en los que crees.

  • 25 May 2021 1:18 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por Jane Nelsen. Un extracto de "Positive Time Out: Más de 50 maneras de evitar las luchas de poder en los hogares y en las aulas".

    Muchos padres y profesores dicen cosas absurdas como "Vete a tu habitación (o al rincón) y piensa en lo que has hecho".  Me sorprende que muchos adultos no sepan la respuesta cuando les pregunto: "¿Sabes por qué es una afirmación ridícula?". Se les ocurren todo tipo de respuestas como: "El niño podría estar demasiado enfadado para pensar en ello". "Podría quedarse dormido". "Puede que no entienda lo que ha hecho mal". Todas estas afirmaciones son ciertas, pero lo que resulta ridículo es suponer que podemos controlar lo que piensa un niño. Una mirada de conciencia aparece en sus rostros cuando les pregunto: "¿De verdad creen que pueden controlar lo que piensa un niño?

    Continúo preguntando: "¿En qué crees que está pensando realmente el niño?". Las respuestas van desde: "Probablemente está pensando en lo enfadada que está conmigo", hasta "Está pensando en cómo evitar que le pillen la próxima vez", "Puede estar pensando en cómo vengarse de mí" y, lo peor de todo, "Puede estar pensando que es una mala persona". Ninguno de estos pensamientos ayuda al niño a mejorar en el futuro.

    La mayoría de adultos no se da cuenta que los niños están tomando constantemente decisiones sobre sí mismos, sobre su mundo y, basándose en esas decisiones, sobre qué hacer para sobrevivir o prosperar (Las cuatro categorías de decisiones se tratan en el capítulo cinco).

    El tiempo fuera negativo se basa en la tonta idea de que para conseguir que los niños se comporten mejor, primero tenemos que hacer que se sientan peor. El tiempo fuera positivo se basa en el entendimiento de que los niños "se portan" mejor cuando se "sienten" mejor. Comprueba tú mismo estas premisas. ¿Te va mejor cuando te sientes peor o cuando te sientes mejor?

    Es divertido preguntar: "¿Cómo responderías si tu cónyuge te dijera: "¡Vete a tu habitación y piensa en lo que acabas de hacer!"? La mayoría de las personas se ríen y dicen algo como: "No creo". ¿Por qué pensamos que el tiempo fuera negativo sería efectivo para los niños cuando no lo sería para nosotros?

    El tiempo fuera negativo no es ciertamente efectivo si perpetúa las creencias desalentadoras del niño sobre sí mismo y su entorno. Tampoco es eficaz si esas creencias aumentan su necesidad de venganza o de rebelión, sea cual sea la forma que adopte.

    La eficacia del tiempo fuera positivo

    Por otro lado, el tiempo fuera positivo puede ayudar a los niños a aprender muchas habilidades importantes para la vida, como la importancia de tomarse un tiempo para calmarse hasta que puedan pensar con más claridad y actuar de forma más reflexiva. Cuando los seres humanos están alterados, funcionan desde su cerebro reptiliano (el tronco cerebral), donde las únicas opciones son luchar o huir. Bromeo con la gente diciendo: "Cuando los niños te presionan, reaccionas desde tu cerebro reptiliano, y los reptiles se comen a sus crías".

    Los adultos suelen funcionar desde su cerebro reptiliano cuando envían a los niños a tiempo fuera, y el resentimiento llevará a los niños a funcionar desde su cerebro reptiliano. De nuevo, el círculo vicioso de lucha o huida.

    El tiempo fuera positivo permite a los niños (y a los adultos) tener un espacio para calmarse hasta que vuelvan a funcionar desde su cerebro racional (el córtex), para que puedan resolver problemas y aprender. El tiempo fuera positivo alienta a los niños a formar creencias positivas sobre sí mismos, su mundo y su comportamiento. En este estado mental, pueden aprender de sus errores y/o resolver problemas sobre cómo reparar cualquier daño o perjuicio que su comportamiento haya podido causar.

    Ser consciente de lo que "realmente" funciona

    Cuando un método con los niños ha funcionado realmente, éstos se sienten empoderados y motivados para mejorar desde un deseo y locus de control interno (en contraposición al control de los demás), y desarrollan habilidades que los ayudarán a resolver problemas y mejorar su comportamiento.

    Los adultos pueden empoderar a los niños, de esta manera, cuando entienden algunos principios básicos del comportamiento humano:

    • Todas las personas (incluidos los niños) merecen dignidad y respeto. Un principio básico de la psicología adleriana. La filosofía de mantener la dignidad y el respeto por todos los seres humanos debe ser incorporado antes de que el tiempo fuera pueda ser utilizado como una experiencia efectiva y alentadora que ayude a los niños, en lugar de una experiencia que genere humillación y pérdida de dignidad y respeto.
    • Los niños mal portados son niños desalentados. Los niños que se portan mal están desalentados y necesitan aliento para no sentir la necesidad de portarse mal; no sentir vergüenza y humillación para que se sientan más desalentados y más motivados a portarse mal (este principio y las cuatro metas equivocadas del comportamiento y cómo se relacionan con el tiempo fuera se discutirán más adelante en el capítulo cuatro).
    • La humillación y la vergüenza no son motivadores eficaces. En la última década, varios profesionales relacionados con los niños (como pediatras, psiquiatras y trabajadores sociales) han adoptado formalmente posturas contrarias a los golpes o humillación de cualquier manera. Estos especialistas han prestado atención a las investigaciones que demuestran que el daño a largo plazo para los niños supera con creces la ventaja inmediata de controlar el comportamiento mediante el castigo.

    Que se diga de nuevo: "¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para hacer que los niños se comporten mejor, primero debemos hacer que se sientan peor?". La verdad es que los niños se comportan mejor cuando se sienten mejor, no cuando están desalentados. Por lo tanto, el criterio número uno para el tiempo fuera positivo es que se utilice para ayudar a los niños a sentirse mejor, no para hacerlos sentir peor.

    Tiempo fuera para niños antes de la edad de la razón

    Los niños menores a 2 años y medio no deben ser enviados a tiempo fuera a menos que ellos lo elijan - lo que puede ser muy raro - o a menos que usted vaya con ellos. Hay, por supuesto, excepciones a la mayoría de las reglas. Una madre se acercó a mí después de una conferencia y me contó cómo utilizaba con éxito el tiempo fuera positivo con su hijo de 18 meses. Dijo que su hijo, Jason, tenía una almohada de satén que le gustaba mucho. Parecía encontrar esta almohada muy relajante. Cuando Jason parecía malhumorado, ella le decía: "¿Te gustaría tumbarte un rato en tu almohada cómoda?". A veces se acercaba a la almohada y se tumbaba hasta que se sentía mejor. Si dudaba, ella le preguntaba: "¿Quieres que te acompañe?". Cuando quería que ella le acompañara, se acurrucaban un rato, o miraban uno de sus libros de dibujos. Pronto se sentía listo para salir de nuevo a explorar su mundo.

    Esta madre tenía la actitud y la comprensión necesaria para que el tiempo fuera positivo funcione con un niño que no ha alcanzado la edad de la razón (o con cualquier niño, en realidad). Entendía el desarrollo del niño lo suficiente como para saber que Jason no se estaba portando mal. Aunque un niño que se porta mal suele ser un niño desalentado (véase el capítulo 5), en el caso de los niños pequeños suele tratarse de otra cosa: cansancio o frustración por su falta de conocimiento sobre cómo satisfacer sus necesidades y deseos. A menudo se sienten confundidos y rebeldes cuando los padres o los profesores no comprenden su necesidad evolutiva de explorar y experimentar. (Véase Disciplina positiva: Los tres primeros años para obtener más información sobre las necesidades del desarrollo).  Su actitud era de gentileza, amor, paciencia, amabilidad y firmeza. Era firme al saber que el comportamiento de Jason era socialmente displacentero y frustrante para él, y que había que hacer algo al respecto. Fue amable en su método para ayudarle a lidiar con ello.

    Si no es un tiempo fuera punitivo, ¿entonces qué?

    Los padres y los profesores me dicen a menudo que han intentado todo para tratar con un niño que se porta mal y que nada funciona. Cuando les pido que enumeren todo lo que han intentado, todo lo que figura en su lista es punitivo. ¿Por qué es tan difícil para los adultos renunciar al castigo cuando experimentan una y otra vez que no funciona? Respuesta: Tienen miedo de que la única alternativa sea la permisividad. El tiempo fuera positivo no es permisivo, como tampoco lo es ninguno de los otros métodos no punitivos sugeridos en este libro.

    Criterios para el tiempo fuera positivo

    El tiempo fuera positivo está diseñado para alentar a los niños y enseñarles autocontrol y autodisciplina. Es respetuoso porque los niños participan en el proceso (ayudando a crear un espacio que sea alentador) en lugar de ser objetos o víctimas del proceso. El tiempo fuera positivo enseña a los niños a comprender que su cerebro no funciona bien cuando está alterado. Aprenden el valor de tomarse un tiempo fuera para calmarse hasta que sus cerebros funcionen de forma ventajosa para ellos, en lugar de perjudicial.

    La analogía del deporte

    Antes de que los adultos puedan transmitir los beneficios del tiempo fuera positivo, tienen que deshacerse de sus viejas ideas sobre el tiempo fuera punitivo. A los adultos y a los niños en edad escolar les encanta la analogía del tiempo fuera en los deportes, donde el propósito es detener el reloj, recuperar el aliento, reagruparse, echar un vistazo a lo que no está funcionando y elaborar un nuevo plan. El tiempo fuera positivo puede hacer lo mismo tanto para los niños como para los adultos. Puede detener el reloj del comportamiento negativo y dar tiempo para calmarse antes de que sea posible un nuevo comportamiento. Como los niños se comportan mejor cuando se sienten mejor, podrán reagruparse y elaborar un nuevo plan que les sirva a ellos y a los demás.

    Otra analogía que ayuda a los niños y a los adultos a entender los beneficios del tiempo fuera positivo como una experiencia de autocuidado es pensar en la comodidad de sentarse en el regazo de la abuela.

    Autorregulador

    La ansiedad es un componente normal de la vida. Nos ponemos ansiosos cuando tenemos miedo, cuando no conseguimos lo que queremos, cuando nos sentimos rechazados, cuando nos sentimos heridos, cuando nos sentimos impotentes. La lista podría ser interminable.

    La buena noticia es que nacemos con varias habilidades de afrontamiento (autorreguladoras) y podemos aprender otras habilidades de afrontamiento. La mala noticia es que muchos padres y profesores piensan que una buena crianza y enseñanza significa distinguir las habilidades autorreguladoras de los niños en lugar de permitirles que las desarrollen. Estos mismos padres y profesores evitan enseñar habilidades adicionales de autocontrol porque están muy ocupados arreglando cada problema que un niño pueda encontrar o usando el castigo para lidiar con el mal comportamiento, en lugar de ayudar a los niños a manejar su propio comportamiento.

    El tiempo fuera positivo proporciona tiempo para que los niños mejoren su capacidad innata de autorregulación en lugar de que esta capacidad sea extinguida por padres y profesores que sobreprotegen o castigan. El tiempo fuera positivo enseña la valiosa habilidad de vida de aprender a tomarse un tiempo para sentir lo que se está experimentando y calmarse hasta poder comportarse de forma más constructiva.


  • 13 May 2021 4:59 PM | Positive Discipline Association (Administrator)
    Por:  Melanie R. Miller, M.Ed. Educadora de padres y consejera escolar. 

    Artículo basado en el trabajo de Jane Nelsen, Ed.D, Lynn Lott, LMFT et.al.

    Seguro que todos recordamos esos días de la infancia en los que a nuestros hijos se les daba muy bien decir "no", huir cuando llegaba la hora de cambiar los pañales o hacer un berrinche porque su camiseta favorita no estaba limpia y lista para usar.  ¿No se suponía que iban a crecer y dejar de hacerlo?  Si se siente desafiado, provocado, amenazado o derrotado por el comportamiento de su adolescente, anímese, ¡no está solo! Aunque nuestros adolescentes hayan ganado unos cuantos años, todavía pueden ser expertos en involucrarnos con éxito en luchas de poder. 

    Piense en el adolescente que encuentra todas las distracciones posibles en lugar de prepararse para la escuela a tiempo o el adolescente que se mantiene firme diciendo "no puedes obligarme a hacer los deberes y no los voy a hacer, ¡me da igual ir a la universidad!" o ¡qué tal el adolescente que discute por todo!

    Siempre que el comportamiento de su hijo adolescente los haga sentirse provocado, desafiado, amenazado o derrotado, tómese unos minutos para calmarse.  Salga de la habitación, cuente hasta diez, llame a un amigo.  Luego, cuando se sienta tranquilo, tómese un momento para entrar en el mundo de su hijo.  No se limite sólo a pensar en su mundo, entre realmente en este... ¿Qué es importante para ellos?  ¿Están pensando en cuándo podrán limpiar su habitación o fregar los platos de la cena, o en cómo quieren pasar toda la tarde preparándose para su examen de ciencias?  Probablemente no.  Lo más probable es que un adolescente esté pensando en.... “¿Qué me voy a poner para ir al colegio mañana? ¿Debo enviar un correo electrónico a ese chico de mi clase? Mi mejor amigo me ignora. ¿Cómo puedo ser más popular?  Me pregunto si puedo escaparme este fin de semana para ir a esa fiesta". 

    Nuestro mundo de adultos es muy diferente al de los adolescentes.  Nuestras prioridades son diferentes y eso está bien. Somos adultos, hemos pasado por ello, hemos hecho lo mismo... Ahora le toca a nuestro adolescente pasar por el proceso de crecer.  Este proceso se denomina a veces "individuación".  La individuación es un proceso por el que pasan los niños para ser más “ellos mismos”, para independizarse de sus padres.  A menudo parece una rebelión porque parece que están haciendo todo lo posible para ir en contra de nuestros valores y nuestra moral.  Lo que es importante para nosotros, como padres, puede convertirse en un lugar de rebelión para nuestros adolescentes. Al individuarse, consiguen experimentar el otro lado, consiguen experimentar la vida de una manera diferente.  Este puede ser un momento muy aterrador para los padres, y aunque no lo crea, también lo es para los adolescentes. 

    La próxima vez que se sienta desafiado, provocado o amenazado, tómese un tiempo para calmarse y luego pruebe una de estas herramientas de crianza amable y firme.

    1. Hable con su hijo adolescente, no hacía él o ella, o por él o ella.  (Está bien compartir sus sentimientos utilizando mensajes "yo").
    2. Utilice preguntas del tipo "qué y cómo" para ayudar a su hijo adolescente a explorar las consecuencias de sus elecciones, esto es diferente a imponer una consecuencia a su hijo adolescente.  
    3. Hágalo con un tono de curiosidad y respeto.  Evite las preguntas que comienzan con "por qué".  "Por qué" crea una actitud defensiva y establece un tono de culpa
    4. Aumente la sensación de comprensión compartiendo un momento en el que haya tenido una experiencia similar.
    5. Decida, con dignidad y respeto, lo que va a hacer.  Lleve a cabo un acuerdo con su hijo y esté dispuesto a cumplirlo. (Diga lo que va a hacer en lugar de lo que va a intentar que haga su adolescente).
    6. Deje que el mensaje de amor se transmita.  No haga ni diga nunca nada que vaya a poner distancia en la relación. Haga y diga sólo aquello que vaya a fortalecer la relación. (Adaptado de Disciplina Positiva para adolescente, Nelsen, Lott.)

    Nuestros adolescentes necesitan una crianza "amable y firme".  Una crianza que les diga: "Te quiero y te respeto, y también me quiero y me respeto a mí mismo".  La crianza amable y firme crea equilibrio, comunicación y respeto dentro de las familias.  Es respetuosa con el adolescente, con los padres y con la situación en cuestión.  Nos ayuda a nosotros mismos y a nuestros adolescentes a superar los retos de la adolescencia y nos lleva a los años de la adultez temprana con nuestra dignidad y la de nuestros hijos intacta.


  • 26 Apr 2021 10:03 AM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: Jane Nelsen, co-creadora del programa de Disciplina Positiva.

    Hay una creencia detrás de cada comportamiento, pero cuando los adultos se enfrentan a un "niño que se porta mal" suelen ocuparse sólo de la conducta. Lidiar con la creencia que hay detrás del comportamiento no significa que no se trate la conducta. Sin embargo, se es más eficaz cuando se es consciente tanto del comportamiento como de la creencia que hay detrás.


    1. Comprendiendo la creencia detrás del comportamiento

    El siguiente es un ejemplo clásico de la creencia que hay detrás de un comportamiento. Supongamos que tienes un niño de dos a cuatro años cuya madre va al hospital y trae a casa un bebé recién nacido. ¿Qué es lo que ve el primogénito que ocurre entre mamá y el bebé? – Tiempo y atención. ¿Qué interpreta el hijo mayor? – Que mamá quiere al bebé más que a él. ¿Qué hace el primogénito para intentar recuperar el amor? - Puede actuar como un bebé y llorar mucho, pedir el biberón y ensuciarse los pantalones.

    Wayne Freiden y Marie Hartwell Walker han creado canciones que ayudan a los adultos a adentrarse en el mundo de los niños y a comprender las creencias que podrían estar desarrollando en función de su orden de nacimiento. Sus canciones incluyen siete posiciones de orden de nacimiento diferentes. A continuación, está es una estrofa de la primera canción:

    ·         Es difícil ser el número uno.
    ·         Y, últimamente no es nada divertido.
    ·         La vida era tan bonita, cuando éramos tres,
    ·         mamá, papá y yo.
    ·         Y, ahora hay otro.
    ·         Y no me gusta nada.
    ·         Envíalo de vuelta al hospital

    ·         Y olvidémoslo.


    Becky, de cuatro años, podía identificarse con esta canción. Se sentía desplazada por el nacimiento de un hermano menor, y experimentaba confusión sobre sus sentimientos hacia el bebé. A veces lo quería, y otras veces deseaba que no hubiera nacido porque mamá y papá pasaban mucho tiempo con él. No sabía cómo llamar la atención, excepto cuando actuaba como el bebé.

    2. Tranquilizar con amabilidad 

    Una noche, cuando el bebé estaba dormido, la madre de Becky se sentó en la mesa de la cocina con su hija y le dijo: "Cariño, me gustaría contarte una historia sobre nuestra familia". Había encontrado cuatro velas de distintos tamaños. "Estas velas representan a nuestra familia". Cogió una vela larga y dijo: "Esta es la vela de mamá. Esta es para mí". Encendió la vela mientras decía: "Esta llama representa mi amor". Cogió otra vela larga y dijo: "Esta vela es la de papá". Utilizó la llama de la vela de mamá para encender la vela de papá y dijo: "Cuando me casé con tu papá, le di todo mi amor – y todavía me queda todo mi amor". Mamá colocó la vela de papá en un candelabro. Luego cogió una vela más pequeña y dijo: "Esta vela es para ti". Encendió la vela más pequeña con la llama de su vela y dijo: "Cuando naciste, te di todo mi amor. Y mira, papá todavía tiene todo mi amor y a mí me queda todo mi amor". Mamá puso esa vela en un candelabro junto a la vela de papá. Luego, cogió la vela más pequeña y, mientras la encendía con la vela de mamá, dijo: "Esta es una vela para tu hermanito. Cuando nació le di todo mi amor. Y mira – tú sigues teniendo todo mi amor. Papá tiene todo mi amor y a mí me queda todo mi amor porque así es el amor. Puedes dar tu amor a todos en nuestra familia y todavía te queda todo tu amor. Ahora mira toda la luz que tenemos en nuestra familia con todo este amor".
    Entonces mamá le preguntó a Becky si quería usar su vela para encender las otras velas, para que viera cómo podía entregar todo su amor y seguir teniendo todo su amor. Becky estaba emocionada por probar esto. Mamá apagó la llama de todas las velas excepto la de Becky, y luego la ayudó a recoger cada vela y a mantenerla sobre la llama de su vela hasta que se encendía. Los ojos de Becky brillaban casi tanto como la llama de las velas.

    Mamá le dio un abrazo a Becky y le dijo: "¿Te ayuda esto a entender que te quiero tanto como a tu hermanito?".

    Becky dijo: "Sí, y puedo querer a muchas personas por igual".

    3. Reconociendo con firmeza 

    Lo que nos ocurre nunca es tan importante como las creencias que creamos sobre lo que nos ocurre. Nuestro comportamiento se basa en esas creencias, y el comportamiento y las creencias están directamente relacionados con el objetivo principal de todas las personas: sentir que pertenecemos y somos importantes

    Mamá había aprendido a lidiar con la creencia que había detrás del mal comportamiento de Becky. Becky dejó de comportarse como un bebé y fue más cariñosa con su hermano menor.


  • 26 Feb 2021 5:08 PM | Anonymous

    Por Bill Scott, ex director de escuela de primaria en Marietta, GA 

    En nuestra sociedad, no es poco común que algunas familias se reubiquen varias veces a lo largo de la carrera estudiantil de un niño. Este fue el caso de Jimmy, quien se cambió de una escuela del centro de la Costa Oeste a la nuestra. Jimmy había estado expuesto a pandillas, tiroteos y violencia escolar. Él estaba siguiendo los modelos de comportamiento a los que estaba expuesto y gran parte de su comportamiento era rebelde y no productivo. No había aprendido a disfrutar del aprendizaje y lo habían referido a un especialista de educación especial porque su nivel de lectura estaba dos años por debajo del nivel que cursaba.

    1. Transición a un entorno con Disciplina Positiva 

    El padre de Jimmy sabía que su hijo no tenía un problema de aprendizaje. Estaba muy preocupado porque creía que los niños no pueden aprender, a menos que se sientan cómodos y seguros en la escuela. Esta fue una de las razones principales por las que la familia se trasladó al otro lado del país, para instalarse en una comunidad suburbana de Atlanta.

    Jimmy, de quinto grado, y su hermana de primero, estaban preocupados por mudarse a un estado, una comunidad y una escuela desconocidos. Todo en este nuevo lugar era diferente, desde el clima hasta el dialecto distintivo y el cambio de zona horaria.  Jimmy no estaba preparado para su nuevo entorno educativo, en el que los niños de su clase decían "por favor" y "gracias", y se apoyaban mutuamente de forma respetuosa. Celebraban reuniones de clase a diario y aprendían a resolver sus propios problemas o a ayudarse mutuamente a resolverlos sin pelearse. Incluso se daban reconocimientos unos a otros. Esto era muy extraño para Jimmy. Como estaba acostumbrado a las agresiones, los insultos y los enfrentamientos decidió desafiar este nuevo sistema.

    2. Identificando la creencia detrás del comportamiento

    No pasó mucho tiempo antes de que el consejero escolar y el director llegaran a conocer a Jimmy bastante bien. Era el tema de muchas discusiones mientras el personal de la escuela pensaba en formas de alentarlo. Se lo podía haber etiquetado de "malo" o de tener un trastorno del comportamiento. Sin embargo, el personal y los alumnos habían aprendido a principios de año que un alumno mal comportado, es un alumno desalentado. También habían aprendido el poder que tienen los estudiantes para ayudarse mutuamente a través de las reuniones de clase de Disciplina Positiva. Sabían que el comportamiento de Jimmy sería una verdadera prueba de la eficacia de la Disciplina Positiva, ya que comenzaron a trabajar en algunos de sus problemas a través de las reuniones de clase.

    3. Los comportamientos desafiantes son oportunidades de aprendizaje

    Jimmy estuvo involucrado en varias peleas. El profesor escribió "Peleas" en la agenda de la reunión de clase y pidió voluntarios para representarla (indicándoles que podían actuar como estrellas de cine y simular una pelea sin hacerse daño). Después de la representación, se invitó a los "actores" a compartir sus pensamientos y sentimientos mientras se peleaban y a compartir las decisiones que tomaban sobre su comportamiento a futuro. Posterior a esto, siguió una discusión amena.

    Los alumnos decidieron que era importante utilizar las palabras en lugar de los puños y buscar soluciones en lugar de culparse. También decidieron darse aliento y hacer recordatorios para buscar soluciones respetuosas que ayuden a todos a mejorar.

    ¡Una nueva experiencia para Jimmy! Estaba acostumbrado a que la gente se uniera para hacer daño a los demás, no para ayudarlos. Su comportamiento mejoró durante unos días, pero no había terminado de probar este extraño sistema.

    El siguiente reto fue su resistencia a participar adecuadamente en las actividades grupales de aprendizaje cooperativo. Distraía continuamente a los demás, hablando y jugando en lugar de hacer su parte. Los miembros del grupo le pidieron que cooperara, pero no tuvieron éxito hasta que se planteó este reto en una reunión de clase. Después de escuchar a los alumnos hablar de forma respetuosa, de sus sentimientos sobre su comportamiento, Jimmy se disculpó. Dijo que no se había dado cuenta de lo mucho que esto le molestaba a su grupo. Su comportamiento mejoró en este aspecto y Jimmy empezó a experimentar el placer de la cooperación.

    4. Fomentar las mejoras mediante el reconocimiento de los logros

    Otro problema era que Jimmy hacía comentarios ofensivos y se burlaba de otros alumnos cuando cometían un error mientras jugaban con la pelota. Alguien puso el problema en la agenda de las reuniones de clase y los alumnos le dijeron que esos comentarios herían sus sentimientos y hacían que no quisieran jugar con él. Le hicieron sugerencias de qué podría decir para alentar a los otros en su lugar. Jimmy aceptó probar esta nueva habilidad y eventualmente su comportamiento ofensivo se detuvo. Después, empezó a recibir reconocimientos por su buen comportamiento deportivo.

    Al utilizar los principios de la Disciplina Positiva y las reuniones de clase todos descubrieron que Jimmy era como cualquier otro niño de once años. Se reía cuando las cosas eran divertidas, se enfadaba cuando las cosas no salían como él quería y se alegraba cuando experimentaba el éxito. Lo más importante es que Jimmy aprendió que podía cambiar su comportamiento cuando se le enseñaban nuevas habilidades y se le daba la oportunidad de practicarlas en un entorno alentador.

    5. La amabilidad y la firmeza tienen un impacto beneficioso en el entorno escolar

    El personal de la escuela estaba muy satisfecho con el tremendo impacto de la Disciplina Positiva, porque habían probado y fracasado con otros programas de disciplina. Jimmy fue escuchado, ayudado y ahora es mucho más feliz. Han pasado dos años y seguimos escuchando cosas maravillosas sobre el liderazgo y el éxito académico de Jimmy en su escuela secundaria. Ya no está atrasado en la lectura.

    Una vez escuché a un amigo hablar de la "Ley de la granja". Si se planta maíz hoy, no se recoge mañana; hay que nutrirlo con agua, fertilización, quitando la maleza y luz solar. Aunque no todos los días de Jimmy fueron maravillosos en nuestra escuela, las semillas del éxito fueron sembradas y cuidadas. Jimmy no es perfecto, pero ¿quién lo es? Como dijo Rudolf Dreikurs, "No trabajes por la perfección. Trabaja para mejorar". Hemos logrado muchas mejoras en Rocky Mount Elementary School a través de la Disciplina Positiva, no sólo con Jimmy, sino con todos nuestros estudiantes y personal de la escuela.

    El rendimiento suele bajar cuando se practican nuevas habilidades por primera vez. Cuando esto sucede, suele haber un deseo de volver a las viejas costumbres, especialmente cuando se busca una solución rápida. Aprender nuevas habilidades lleva tiempo. Los errores son realmente oportunidades maravillosas para aprender; cuando recordamos esto, no nos desanimamos mientras esperamos los resultados a largo plazo (la cosecha) del aprendizaje y la práctica de nuevas habilidades.

  • 08 Jan 2021 2:50 PM | Positive Discipline Association (Administrator)

    Por: Angélica Joya, entrenadora certificada de Disciplina Positiva. 

    Tanto si eres madre, padre o educador seguro que alguna vez has hecho algún acuerdo con niños y adolescentes y quizás, muy probablemente te has sentido indignado o enfadado al ver que ellos muchas veces no cumplen lo pactado. Hoy te voy a contar 4 razones por las cuales los niños y adolescente no cumplen los acuerdos.

    1.  No ha habido un acuerdo realmente

    Muchas veces crees  que has hecho un acuerdo con ellos cuando en realidad lo que ha pasado es que los niños y adolescentes han dicho «si» a una petición que tu habías hecho o simplemente han aceptado algo porque sabían  que era lo que querías escuchar y no porque realmente estuvieran de acuerdo.

    Por ejemplo, le decimos a un niño que está encendiendo la T.V.  o la tablet «Ahora ves la tele o juegas pero en 10 minutos la apagas ¿ok?». A lo que el niño responde, a veces incluso si escuchar, «si».  Luego es el momento de apagar y el niño no cumple. Pero si nos fijamos bien; ¿Fue eso realmente un acuerdo? .

    2.  No hacemos seguimiento o lo hacemos desde la crítica, sermón, amenazas o ruegos.

    Supongamos que hacemos un acuerdo en toda regla y  llega el momento de apagar la tele o de hacer los deberes y ¡ÉL SIGUE SIN CUMPLIR !!! .  »¿Será posible? ¡Me toma el pelo!» piensas mientras que sientes como «la vena» te  va creciendo exponencialmente  e intentas contener el impulso primitivo de «comérterlo» pero no precisamente a besos.

    El hecho de que hagamos un acuerdo no hace milagros, tus hijos seguirán teniendo las mismas prioridades de siempre (y no son precisamente hacer los deberes, limpiar su habitación  o apagar la tablet). El líder de la educación eres tú y por eso eres el encargado de dar seguimiento a ese acuerdo.

    No puedes pretender que por el hecho de involucrarlo, el niño apague la tele sin mas y además te diga «gracias mami por este rato de esparcimiento y entender que prefiero ver la tele antes que hacer los deberes».

    ¡NOOOOO!. Un niño o jovén de este planeta quizas se despite de más en la pantalla o espere a que seas tú quien se olvide para poder seguir haciendo lo que realmente le apetece, ESO ES LO ESPERADO PARA SU EDAD.

    Es el adulto quien debe hacer seguimiento del acuerdo y no tomarse como algo personal el hecho de que sus hijo o alumnos no salte como un resorte en cuanto sea la hora de cumplir lo acordado.  Si tomas su comportamiento como algo personal lo único que lograrás es entrar en la dinámica de las amenazas, criticas y ruegos. Conseguirás  alejarte de tu hijo o alumno y comprar papeletas para que la situación acabe mal.

    ¿Y que debo hacer entonces? ¿Cómo puedo hacer seguimiento a los acuerdos?

    En esto Jane Nelsen en su libro "Cómo educar con firmeza y cariño" lo deja muy claro:  Menos palabras  y mas acción.

    •  Haz comentarios simples y concisos: «He notado que tú… ¿Podrías por favor hacerlo ahora?» (manteniendo la empatía con sus sentimientos).
    •  Como respuesta a objeciones, pregunta: «¿Cuál era nuestro acuerdo?».
    • Como respuesta a más objeciones, cierra la boca y usa comunicación no- verbal: señala el reloj, sonríe, haz un contacto físico cariñoso, da un abrazo y vuelve a señalar el reloj o algo que recuerde el acuerdo (el libro, el mando de la t.v, el acuerdo por escrito si es el caso).
    •  Cuando el niño/adolescente ha accedido a cumplir el acuerdo (obviamente muchas veces molesto por ello) diga: Gracias por respetar nuestro acuerdo y olvídate de todo lo demás. Nada de «casi que no», «siempre tengo que ser yo quien te lo recuerde», «así no se habla» etc.

    3. Nos estamos centrando más en el resultado que en el proceso en si mismo. 

    El proceso de involucrar a nuestro hijos en la búsqueda de soluciones y acuerdos importa más que el resultado.

    Esta claro que cuando hacemos un acuerdo queremos solucionar o prevenir una situación conflictiva.  Sin embargo, mantener el foco únicamente en el comportamiento que queremos evitar nos hace desconectar de nuestro hijo o alumno.

    El proceso de llegar a acuerdos, debe ser un proceso que nos haga sentir a todos escuchados y anime a los más jóvenes a razonar, planear y participar de la resolución de algo. Lo más importante es que se den cuenta de que sus necesidades, sentimientos e ideas son muy importantes para nosotros.

    Si nos centramos en ello, el acuerdo ya será beneficioso en sí mismo, tanto si se cumple o no en su totalidad.

    Si escuchamos realmente seguramente podremos identificar cual es la causa de que nuestro hijo o alumno se este comportando de esta manera y podremos hacer mucho mas que un acuerdo para ayudarle .

    Por ejemplo: Acordar un tiempo de pantalla es útil, sin embargo explorar los motivos subyacentes que explican porque la pantalla se ha convertido en algo tan importante en la vida de tu hijo es también muy importante y nos permitirá encontrar una alternativa útil para todos.

    Como dice Alfie Kohn

    A veces, la mejor alternativa al blanco y negro no es el gris, sino, por ejemplo, el naranja. 

    4. No están acostumbrados a hacer acuerdos o a que se les tenga en cuenta. 

    Muchas veces pecamos de compartir muy poco la autoridad de la toma de decisiones. No me malinterpretes, no pretendo que negocies absolutamente todo en casa o en el aula, solo digo que  es importante que los niños y adolescentes tengan claro qué aspectos son negociables y cuáles no.

    Cuando ellos tienen claro que serán escuchados y podrán opinar en los casos que les parece importante intervenir  sienten menos necesidad de cuestionar cada decisión que se toma (incluso si se tratan de decisiones no pactadas)

    Las investigaciones demuestran que los niños son más propensos a auto controlarse cuando sus padres están dispuestos a negociar y a cambiar sus ideas en respuesta a los argumentos de sus hijos.

    Solo cuando le damos la oportunidad a nuestros hijos de «practicar» una habilidad como la negociación y la toma de decisiones conjunta ellos se hacen responsables y aprenden la importancia de respetar dichos acuerdos. 

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